“¡Joder, qué tropa!”
Resulta pasmoso el comportamiento de nuestros políticos, aquellos que están en el candelero cada día, cuando se encaran al ciertamente pavoroso problema de las corrupciones que nos corroe un día sí y otro también. Lo esperado y sensato es que ante un acto presuntamente delictivo por parte de alguien que tiene sobe sus espaldas la responsabilidad de representar a su partido en cualquiera demarcación geográfica lo trate con idéntica severidad y encono, tanto si se trata de adversario político como de un correligionario suyo. Eso sería lo justo, sin distinción de siglas ni de filas en las que el corrupto se alinee. Pero no ocurre así y de ello tenemos sobradas pruebas. Sería pedirles demasiado, acostumbrado como nos tienen por la multitud de ocasiones que de ello ofrecen evidentes pruebas. ¡Ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio! Aserto éste que, como todos los que nacen de la boca del pueblo, resulta enjundioso por su veracidad y tino.
Resultan a este tenor sorprendentes, si se miran con ecuanimidad, las apreciaciones de Pedro Sánchez y los socialistas sobre la corrupción en el PP echándoselas en cara a Rajoy con marcada insistencia (clamoroso en el caso de Rita Barbrerá y el PP valeniano),pero se pasa de puntillas sobre las investigaciones de Besteiro en Galicia, caso que en estos días es noticia puntera en diarios e informativos de televisión. Y es que resulta ostensible la doble vara de medir.
Por otro lado,no se disipan las tinieblas que enturbian el panorama político del país para que se pueda llegar a la instauración de un Gobierno más temprano que tarde. Todo apunta a que,visto lo visto, estamos abocados a unas nuevas elecciones. El tripartito que propugna Rajoy parece a todas luces más que improbable. Como lo es la coalición que defiende contra todo pronóstico adverso Pedro Sánchez, a la que se opone Albert Rivera o bien lo hace Pablo Iglesias, que nada quieren saber uno del otro.
Lo que si están todos de acuerdo es pedir explicaciones al Gobierno en el Parlamento, como si fuese lícito hacerlo cuando aquél esta en funciones. “¡ Joder, que tropa!”, que dijo Romanones.