El Cautivo que cautiva
JOSÉ BECERRA
No fue tan concurrida la mañanera procesión del Cautivo de este año que marca el inicio de la Semana Santa de Málaga, ni por desgracia cubrió todo el itinerario habitual. Pero eso no restó ni un ápice de la intensa emoción que este acto litúrgico produce a los fieles que siguieron sus pasos.No faltaron como siempre las lágrimas difícilmente contenidas ni la oración contrita y callada.
Hace un par de lustros, poco más o menos , el otrora alcalde de Málaga Pedro Aparicio hablaba en las páginas de este mismo periódico sobre la necesidad de la relajación de nuestro espíritu en los días bullangueros dela Semana Santa.Exaltaba la “soledad sonora”, lejos del tumulto cofrade callejero, que él encontraba en la música de Mozart, Haydn o Palestrina. El dulce retiro hogareño impregnado el rincón preferido con motetes, misas y réquiem.
Compartía su predisposición en la búsqueda del gozo tranquilo y personal que pueden proporcionarnos los acordes de una sinfonía. Bach fue quien declaró que los objetivos principales de la música son los sentimientos. Si el músico interpreta con el corazón y se compromete emocionalmente con la obra, el éxito estaba asegurado. Sonatas y fantasías me parecieron como al exalcalde malagueño un buen refugio para estos días.
Hasta que contemplé al Cautivo.
En la recién estrenada madrugada, en el silencio del día incipiente, (tal era que podía oír junto a mi propio resuello, el de los que se apelotonaban a mi alrededor para no pederse el prodigio), sobresaliendo de un mar de cabezas y hombros, caminante silencioso hacia el martirio.
Me habían hablado de este momento mágico de la semana malagueña por antonomasia. Y la realidad de vivirlo, la embriaguez de los sentidos, la embargante emoción que experimenté superó los comentarios encomiásticos. No fue ciertamente una soledad sonora, sino callada.
Para mí el prodigio de lo que una imagen serena y mayestática puede producir, sin magnificencias y alardes ornamentales, tempero, consuelo, para el alma. La mejor música era la sublime exaltación de lo sencillo, la elevación hasta el culmen de la conformidad del sufrimiento. La aceptación del eccehomo que se entrega por la universal causa de la salvación. La muchedumbre, como si sintiera la culpa sobre sus espaldas, implora, reza, llora y calla.
¡Que se calle el clarinete, que enmudezca el oboe, que se apague el redoble del timbal!; ¡el clavicordio que enmudezca, el violoncello y el fagot y las violas que cesen en sus armonías!…
En la tímida claridad matutina, en las calles de Málaga, ante el Hospital Civil y el puente hay otra orquesta poderosa, sumamente acompasada, infinitamente imperceptible y sonora, se presta para dejar oír sus sones. Es la orquesta del Universo, la del Gran Hacedor, que rompe la mañana de Málaga para saludar al Cautivo, cuyos acordes suenan para acompañar la desolada figura del Reo por excelencia, el de la blanca túnica…