He escogido esta expresión – desatino- como parte titular siendo muy indulgente contra los que va dirigida. No quiero abundar en los calificativos perversos y exabruptos que hoy por hoy machaconamente emplea la mayor parte de la ciudadanía refiriéndose a los que conforman por el momento la panoplia de los que ansían dirigir el país, y en consecuencia, nuestros destinos. Son epítetos más contundentes que hablan a las claras de la indisposición que el bien llamado” pueblo llano”, en el que muy a gusto me encuentro, dirigen a quienes no acaban de encontrar una solución viable para las circunstancias en las que nos movemos.
Encargó el Jefe del Estado la formación de Gobierno a Rajoy y éste acepto en primera instancia, pero sin desvelar sus intenciones de someterse o no a la investidura, que pese a lo que explícitamente señala la Constitución, a saber, someterse por consiguiente a esa ceremonia, se vuelve a estar en el aire y sin saber con qué cartas quedarnos.
No está solventado el dilema, ni mucho menos, al menos que se sepa, porque no hay que descartar conversaciones subterráneas entre partidos encaminadas a la consecución de este fin. Lo que trasciende, empero, es que el Partido Popular no va a prescindir de Rajoy como obcecadamente piden los líderes del PSOE y Ciudadano, condición sine qua non para que éstos concedan su beneplácito a la figura del presidente del Gobierno en funciones.
No acertamos a entender las posiciones irreductibles de quienes abogan por que no haya terceras elecciones – nefastas para el país, a todas luces – y a la vez niegan el pan y el agua a quienes pretenden salvarnos de esa eventualidad manteniéndose firmes en posiciones que nadie con dos dedos de luces, que decimos en mi tierra, entienden y que vienen socavando el interés general.
Estanos asqueados de este espectáculo ignominioso que ofrecen un día sí y otro también la cerrazón de los políticos que no miran sino a su propio ombligo con desprecio absoluto a los propósitos de quienes les votaron. El hartazgo de los españolitos de calle y acera es evidente, tanto que ya se contemplan movilizaciones en contra de los políticos, todos los de cabeza de cártel, para que dejen paso a otros que de verdad se ocupen de los problemas del pueblo, que no son pocos, y sí, muy apremiantes. Caras nuevas en el panorama político del país capaces de enderezar los diversos y peliagudos asuntos que hoy por hoy nos embargan y que no estén siempre barriendo en dirección a sus propios intereses.