El paso atrás esperado para un Gobierno estable
JOSÉ BECERRA
“Dar un paso atrás” es una expresión popular con la que se reconoce como un mérito de alguien que ante una situación adversa para él o para un hipotético grupo de personas que pueda representar opta por una actitud condescendiente que debe adoptar en beneficio propio y de todos, aún en menoscabo de sus propios intereses. Pero esta virtud de la que hablamos no parece que la pongan en práctica los líderes políticos en el momento arduo en el que nos encontramos. No les suscita entusiasmo y es repelida sin miramientos aun a sabiendas que rondamos ya el año sin gobierno y sin que nada haga entrever que nos encaminemos más pronto que tarde a su constitución. ”Largo me lo fiais…”, que diría Tirso de Molina cuando la espera de algo que se espera se dilata en el tiempo sin asomo de materializarse.
“Dar un paso atrás” no parece que rece como una palmaria y exigente verdad en el frontispicio de la agenda de deberes y buena conducta de nuestros líderes principales. Y por fuerza hay que aludir a las dos primeras figuras que hoy se enseñorean en el panorama político español. Sí, acierta usted, querido lector, en pensar, como no podía ser de otra forma, en Rajoy y Sánchez. El primero, esgrimiendo como una tabla de salvación para él y su partido, el derecho a presidir el Gobierno por el número de votos y escaños obtenidos en las últimas elecciones, olvidando que esta condición no es válida para un sistema político parlamentario y no presidencialista. Y luego cuentan (¡y de qué manera!) los casos de hedor que exhalan de su partido; los últimos, los que atañen al exministro Soria y Rita Barberá, la otrora poderosa alcaldesa de Valencia. Tufillo que se acrecienta en lo cualitativo en lo que toca a la Junta de Andalucía y sus máximos gerifaltes, a saber Chaves y Griñán, enjuiciados y condenados recientemente por los ERE fraudulentos, ahora en el disparadero de la actualidad. Es decir, que ambos partidos tienen razones para callar y no flagelar sin conmiseración al adversario.
Resultado de este conflicto latente es la imposibilidad de que se forme un Gobierno estable por las intransigencias de unos y otros y el bloqueo inmutable consiguiente. Una situación, que de alargarse en el tiempo, algo que cabe esperar dado las actitudes irresolutas de líderes obtusos en dar ese paso atrás que muchos esperan, tanto dentro como fuera de sus respectivos partidos, no puede sino acarrearnos perjuicios que ya vienen aflorando y que competen a la economía (ya ralentizada a ojos vista, a decir de Guindos), y de rebote, al desempleo, las pensiones y las remesas pecuniarias a Autonomías y Corporaciones locales para solventar sus posibles déficits y a las relaciones con Europa, que no son asuntos menores.
Así que, con todo el candor del mundo, seguros de que es no retrocederán en su empeño, se podría pedir que tanto Rajoy como Sánchez diesen ese anhelado paso atrás y sean otros los que dirijan desde la más alta administración del Estado la urgente operación de sacarnos del horrísono socavón en el que el país se encuentra sin visos de salir de él por el momento por mor de la obcecación de ambos. El esperado paso atrás sigue en el aire sin cuajar irremisiblemente.