Faraján, naturaleza viva
José Becerra-Gómez
La Serranía de Ronda como comarca no nos dejará nunca indiferente si es que nos aventuramos a recorrerla por lo menos en lo que toca al ámbito de sus pueblos más señeros. Pueblecitos apartados de la vorágine de las ciudades, que no se enervan por sueños y olvidos de siglos, pero que no se resignan a permanecer en la inopia que pueden acarrearles el desconocimiento por parte de las comarcas y regiones que los circundan a mayor o menor proximidad de su caserío o término municipal.
La historia del valle del Genal, en cuyo margen derecho sienta sus reales Faraján, no puede entenderse plenamente sin la hacer mención expresa de este pueblo, el cual ya en la época en que la Media Luna extendía sus dominios por el sur peninsular, se conocía como “hermoso” o “deleitoso” si hacemos caso a la transcripción de su nombre islámico (farhan). Los moriscos allí asentados tomaron parte activa las sublevaciones del siglo XVI, siendo luego expulsados de sus dominios, suceso bélico que supuso el abandono del pueblo y consecutiva repoblación por partes de los huestes cristianas.
Las casas ascienden en calles estrechas y empinadas concediendo calor humano a los terrenos que suben hasta los montes Jardón y Romeral partiendo desde los cauces del rio. En esos terrenos se encontraron restos arqueológicos relevantes como es el caso del Dolmen que lleva el nombre del collado, amén de restos de antiquísimas haciendas morunas como las de Balestar y Majada del Juez. De pasada merecen atención la iglesia levantada bajo la advocación de la Virgen del Rosario levantada en 1505, remodelada a conciencia en los siglos posteriores respetando siempre el porte mudéjar de su estructura.
Pero hoy de lo que toca hablar es de las dos Chorreras de Balestar, un imponente paraje que tiene como eje el tropel de aguas desatadas y desbordadas desde una altura de más de 20 metros que vienen a crear un burbujeante asiento sobre las rocas. Amansado el líquido elemento precipitado por la superficie kárstica desciende por acequias labradas en la roca viva para regar predios y huertos en bancales desde tiempo inmemorial hasta hoy mismo. Un paisaje campestre pleno de vida y color concedido por una Naturaleza viva y cambiante que provoca una constante mutación provocada por el transcurso de las horas del día.
Merced a la colaboración mutua de Ayuntamiento y vecindad propietaria de terrenos anejos al arroyo y chorreras de Balestar se están disponiendo senderos y accesos para recreo de los que se acercan a sus aledaños. Un aliciente que viene a potenciar el turismo rural que se está tomando muy en serio en Faraján por los dividendos que pueden aportarle. No hay que echar en saco roto que el pueblo forma parte de unos de los jalones que forman la ruta del beatificado fray Leopoldo de Alpandeire, venerado con fervor en toda la Serranía de Ronda.