La gaviota popular tocada del ala
JOSÉ BECERRA
Se remueven los cimientos del Partido Popular por mor de un nuevo caso de corrupción (¿y van cuántos ya?) lo suficientemente virulento como para hacer temblar su estructura. Semana negra para un partido que ofrecía todos los visos de haber encarrilado su trayectoria y que pese a todo seguía cosechando el beneplácito de la ciudadanía por un repunte económico por más que sus detractores se empeñasen en afirmar con ahínco lo contrario. Pero los acontecimientos que han venido a poner de relieve la trama presuntamente corrupta que ha sido bautizada como caso Canal han venido a remover infaustos aconteceres, situaciones y sucedidos que mucho es de temer pongan a los populares contra las cuerdas.
Mal momento para tan nefastos acontecimientos, cuando el acuerdo presupuestario casi se cantaba ya a voces y se sacaba pecho sobre la mejora económica del país. Revuelo en la sede popular de Génova, donde se barrunta que no dan crédito a tanta desventura desencadenada, que es lo que puede ocurrir tras la detención de Ignacio González, hecho que por necesidad ha arrastrado a su mentora Esperanza Aguirre a una dimisión de su cargo en el Ayuntamiento matritense que ya se daba por cantada.
El enriquecimiento ilícito de algunos gerifaltes y la ilegal financiación del partido mucho es de temer que provoque si no una estampida de votantes sí una merma significativa de quienes habían venido otorgándoles su confianza comicios tras comicios. Se anuncian caceroladas en las puertas de la sede del partido y en la calle crece el descontento, un clamor que no tiene por menos que preocupar a quienes depositaron su confianza en un grupo político, el cual les atraía como un mal menor de cuanto podían ofrecer otros que se desgañitaban a su alrededor con promesas vacuas e imposibles. El traspiés del PP ahora no hay duda de que acrecentará las diatribas de los partidos oponentes, los cuales les declararán la guerra, ahora sin paliativos posibles.
Rajoy tendrá que afinar mucho su proceder y abandonar su actitud de verlas venir sin atajar los males con celeridad. El “tancredismo” a ultranza o esperar sentado a que el tiempo solucione los problemas no parece que vayan a valerle en un futuro inmediato. Cunde el desánimo tanto en los militantes como en los que de manera tradicional depositaron la papeleta en su favor. Lo dicho, la gaviota herida y tendrá que sortear con tino los ataques si no quiere sucumbir sin poder remontar de nuevo su vuelo.