El Hospital de Ronda sigue continúa ralentizado
Ya sabemos que a expresión “velocidad de crucero” en el argot marítimo significa que el navío opera y avanza con máxima eficiencia. Se aplica el término, como saben, en cualquiera otra faceta de la vida social, económica y de cualquiera otra índole cuando las cosas van bien y como era de esperar en su transcurso después de iniciado el arranque. Algo que a juicio de la parlamentaria andaluza del PP Esperanza Oña, en su día alcaldesa de Fuengirola, no reconoce en lo que toca al Hospital de Ronda, recién iniciada su andadura, y así acaba de exponerlo, sin pelillos en la lengua, en un pleno del Parlamento Andaluz. Tildadas de ridículas las carencias del Hospital en cuestión, Oña ha recalcado que “no serán tan ridículas cuando muchos medios de comunicación así lo han reconocido y no han tenido reparos transmitirlos”.
Es de suponer que Oña habla con conocimiento de causa y que se habrá previamente cerciorado de que sus críticas responden a la realidad en cuanto acontece respecto al recién inaugurado Hospital que ha costado Dios y ayuda para que abriera sus puertas definitivamente, de otra manera hubiese estado callada y habría que considerar como una pataleta el meollo de sus cuestiones que no es otro que el de poner en evidencia el despropósito de la consejera de la Junta, Marina Álvarez, a quien increpa por tachar de impropias las quejas que afloran entre los usuarios del flamante centro.
Todo apunta a que se hacen oídos sordos y que desde la Junta se vanaglorian de la salud pública andaluza pero justo es reconocer que en lo que toca al Hospital de Ronda todo apunta a una parálisis, creo que nunca mejor empleada la expresión, que le impide avanzar sin rémoras en el cumplimiento de sus fines. Alude Oña que no son” eslóganes presuntuosos” lo que los rondeños necesitan sino el reconocimiento de los errores y la “presentación de soluciones”. Habla de deficiencias tales como la imposibilidad de que se pueda reconfortar con una bebida tonificante a quienes ingresan después de las 9 de la noche, o que se siga suministrando las comidas a los pacientes cocinadas en el antiguo hospital, o que permanezca la iluminación durante el día y la noche, entre otras deficiencias que hospitalizados y profesionales del centro denuncian y que, por lo visto, se echan en saco roto por parte de la Junta.
Muchas esperanzas mantuvieron rondeños y habitantes de los pueblos de la Serranía en el nuevo Hospital, y es de esperar que se ponga coto a tamañas deficiencias que obran en detrimento de quienes se ven obligados a solicitar atención, cuidos y curas de sus males. Su marcha ralentizada exaspera.
El barco del Hospital en muchos aspectos sigue sorteando escollos sin llegar felizmente a buen puerto.