Ausencias de lluvias y rogativas de antaño
El problema de la pertinaz sequía que venimos sufriendo en la provincia de Málaga protagonizó buena parte del debate sobre el Estado de la Comunidad celebrado en el sevillano Hospital de los Cinco Llagas, sede del Parlamento Andaluz, hace un par de días. No era para menos, es éste un problema acuciante que se acrecienta por días a la vista de que los cielos de la región se empeñan en eternizar su azul intenso y sin señales de que venga a empañarse con negros nubarrones precursores de ansiadas lluvias. Tanto es así que la presidenta del ente autonómico, Susana Díaz, anunció la creación de un decreto-ley sobre la problemática de la sequía y los medios que se podrían aplicar para contrarrestarla. Al mismo tiempo apremió al Estado central para que asuma sus competencias para resolver el problema más temprano que tarde.
El Partido Popular de Málaga, por su parte, ante la grave situación de la sequía acaba de impulsar una “Mesa del agua” en la que comprometió al PSOE a participar, para que de manera pactada se afronte de una vez por todas remediar estas carencias que de manera cíclicas abaten la provincia poniendo en marchas infraestructuras que vengan a resolver las carencias.
No es la primera vez que la Junta de Andalucía tiene que mojarse –expresión esta que viene al pelo – como ya lo hizo en anteriores ocasiones decretando soluciones para prolongadas sequias en el ámbito malagueño y andaluz, en lo que va de siglo. La carencia de recursos hídricos de ahora determina que se vuelva a clamar por la solución de un problema que golpea de nuevo a la región y que exige medidas pactadas para solucionarlos con involucración los distintos partidos políticos en una empresa en común con un mismo objetivo.
Se muestran esquivas las lluvias sobre el suelo patrio, y particularmente en Andalucía en donde el sequeral se adueña del territorio. Unas preguntas angustiosas empiezan ya a pergeñarse en quienes sufrimos la espantada del líquido elemento, reacio a visitarnos: ¿Dónde fueron las lluvias? ¿Qué recovecos buscaron para ocultarse y no dejarse ver por quienes clamamos por su presencia? Los interrogantes no parecen tener respuesta ni aún en los meteorólogos que auscultan los cielos y no ven ni rastro de nubes en el horizonte y no vaticinan sino sequedad acérrima y ausencia de la más mínima apariencia de humedad.
En el serrano pueblo del Benaoján de mis ancestros cuando en pleno mes de Abril en el que el sol se adueñaba como señor absoluto del firmamento, y ni por asomo se vislumbran nubes que vinieran a presagiar lluvias, coincidiendo con la celebración de festejos anuales en su honor, se organizaba una procesión que llevaba en andas al Santo Evangelista hasta las cercanías de los campos limítrofes. Allí, se alzaban plegarias de este tenor: ¡“San Marcos, mira mis garbanzos que no florecen!”, “¡Contempla mi trigo que no acaba de germinar!” y otras preces parecidas. Hasta había quien de manera irreverente gritaba “ ¡San Marcos Bendito, Patrón Soberano, como no nos eches aguas al pozo te echamos!”.
El Pozo de San Marcos quedó para la posteridad como santo y seña conspicua del pueblo, porque lo cierto es que no pocas veces las anheladas lluvias llegaban días después de la comitiva. A lo mejor sería ésta una solución para la contumaz ausencia de precipitaciones que hoy por hoy asola la provincia, dicho sea con el respeto y cierta sorna que mis lectores sabrán perdonar.