Urgencias colapsadas
JOSÉ BECERRA
Si durante el transcurso de la vida nos preocupa el caer inopinadamente enfermo, este temor se acrecienta considerablemente una vez llegada le edad provecta. Cuando nos consideramos pletóricos de salud obviamos estas aprensiones, pero hacen acto de presencia sin remisión cuando oteamos en el horizonte el descenso más o menos próximo de nuestras constantes vitales, antes exultantes. Cuando estos momentos llegan no pueden por menos de alarmarnos noticias como la que en estos días de este desapacible invierno, que inopinadamente nos está mostrando un cariz insólito en media España, pero que también hace acto de presencia en Málaga y su provincia, nos enteramos de que en los hospitales de la capital ven sus urgencias colapsadas y proporcionan imágenes poco menos que de países tercermundistas. Si bien desde el Servicio Andaluz de Salud se apresuran a decir que se trata de una situación coyuntural, lo cierto es que nos desazona bastante, como no podía ser de otra manera. El CSIF ha puesto la voz en grito y denuncia que las medidas adoptadas por la Junta de Andalucía para paliar el candente problema no atajan ni mucho menos la acrimonia que provoca en buena parte de la ciudadanía malagueña, entre ellos los que, como digo, nos encontramos más vulnerables por nuestro estado avejentado por la edad. Las protestas tienden a multiplicarse por el “problema estructural”, según las voces alzadas, al que no se le concede la solución oportuna y se ralentiza su solución en espera de que en los próximos meses, naturalmente más cálidos, vengan a resolver el acuciante problema de ahora. Se esperan movilizaciones sindicales y se activa la Mesa de Urgencias para que las reivindicaciones, a todas luces oportunas y justas, encuentren vías de solución y las mejoras se hagan efectivas cuanto antes, sin esperar a que caliente el sol y las salas de urgencias dejen de aparecer totalmente atiborradas.