Francisco de la Torre, un alcalde septuagenario en plenitud de facultades
Llegar a los 70 años y superarlos con creces era algo que a mediados del pasado siglo constituía una excepción. En los pueblos de la Andalucía profunda, en la que se ubica la Serranía de Ronda, sede de mis antepasados, llegar a esa edad en condiciones óptimas de salud y facultades mentales se veía como una rareza, y si se lograba sobrevivir hasta superarla, los pocos que lo lograban ofrecían una estampa de decadencia plena, poco menos que de muertos vivientes. Pero luego vinieron otros tiempos y las mejoras en la alimentación y la sanidad imperante hicieron aflorar una calidad de vida que en la actualidad se asienta como paradigma de gente pletórica ofreciendo una fisonomía que nada tiene que ver con la de antaño: exultan de salud y de ganas de vivir, nada que ver con los setentones de antes que arrastraban decadencia y decrepitud manifiesta.
Superados o sensiblemente disminuidos con la edad achacosa fenómenos naturales en la persona que fueron indelebles cuando se disponía de las facultades físicas y mentales plenas como era el instinto o la lucidez, nos queda ahora otra aptitud que, con frecuencia, perdura de forma indeleble. Me refiero a la facultad de los sentimientos que llevan aparejados la sensibilidad – que no la sensiblería vacua -, que nos conduce a mantener recuerdos gratos de momentos pasados, no pocas veces impregnados de nostalgias que son ineludibles, pero que también nos retrotraen a momentos felices que en el magín nos reconforta y no tienen por menos que conducirnos a una vida interior que en el recuerdo nos retrotraen a momentos de contento y paz.
Llegada a la edad longeva, que no provecta ni mucho menos decrépita, como lo demuestra cada día en el ejercicio y buen hacer de sus funciones al frente del Ayuntamiento de Málaga, se había extendido el rumor de que Francisco de la Torre se encontraba entre un sí y un no de presentar su candidatura como primer edil en las elecciones municipales próximas. Pero he aquí, que unos días atrás, el PP de Málaga, sabedor de la valía de este hombre al frente de la Corporación, ha manifestado de manera oficial su petición de que sea candidato a las elecciones municipales del año venidero. Sabía decisión.
Hace bien el partido, que De la Torre es un valor en alza reconocido por todos los malagueños y nada parece haber en contra de su continuidad, y menos que nada su condición de septuagenario. Es un ejemplo vivo y concluyente de que, aún superada esa edad, se pueden llevar a cabo todo lo que se podría exigir a un regidor en sus funciones. “Salud, proyectos y cariño de la gente”, han sido las realidades incuestionables que le adornan al calibrar la propuesta de su continuidad en la Alcaldía de la capital. Así lo acaba de afirmar y es lo que deseamos, esperamos y manifestamos quienes hemos seguidos su trayectoria política, animándole para que siga con el bastón de mando en sus manos para provecho de todos los malagueños.
En palabras de Juanma Moreno, líder andaluz del PP andaluz, “De la Torre es uno de nuestros buques insignia de la política andaluza, malagueña y española”. Le sobra razón, y la damos por buenas quienes hemos seguido su trayectoria, sobre todos lo que como él ya somos setentones y no nos postergamos ante la edad por muchas que fueren las primaveras (e inviernos gélidos) vividas. Su servicio al bien común de los malagueños, y del que tantas pruebas hemos tenido, deseamos que se prolongue sine die, o como decimos los castizo” hasta que el cuerpo aguante”.
“Dejad a los gobiernos central y regional que administren la política abstracta de las grandes palabras, y dejad a los Ayuntamientos que nos ocupemos de la vida diaria y concreta de las personas, porque jamás aspiramos a más alto honor”, es argumento de un pensador argentino, Horacio Amezúa, que se adecua a la trayectoria de nuestro regidor malagueño y que no tenemos por menos hacerlo nuestro en lo que a él se refiere.