Ganó Santamaría, pero…
JOSÉ BECERRA
Habida cuenta que en unas elecciones primarias, y está que acaban de celebrar en el Partido Popular no iba a ser una excepción, la pauta a seguir no difieren mucho en los distintos partidos: todos siguen la misma y los programas brillan por su ausencia. Lo que se vota radica en la personalidad del candidato, su talante, la confianza que merece el aspirante, su experiencia y edad. Esta última condición, aparte de la de su imagen, es la que parece haber dado a Pablo Casado quedar en segunda posición, por lo menos en la primera vuelta, ya que tendrá que medir su fuerza en la segunda y más crucial, con alguien que merced a títulos, experiencias y cercanía con Rajoy, caso de Sáenz de Santamaría, ha resultado ganadora de la confrontación, tras obtener más de 1500 votos de los compromisarios a su favor. Desbancando a su rival más directo, a pesar de que en los primeros momentos del recuento la aventajaba con notable diferencia, Casado se presta a dar la cara y la batalla.
En contra de lo que pudiera parecer nada hay decidido de momento: se aprestan los dos elegidos a una dura ofensiva para conquistar al resto de los candidatos derrotados y que se le sumen en la tesitura creada a una u otra opción. La segunda vuelta está al doblar la esquina y de lo que ahora se trata es de que los dos elegidos de momento sepan y puedan arrimar el ascua a su sardina entre los 3.000 compromisarios, entre los que descuellan los 500 en los que recae la representación directa por parte de “the party apparatus”, que dicen los anglosajones.
¿Por quién se decantarán los perdedores de la primera consulta? Todo parece indicar que lo harán a favor de Casado, sobre todo los compromisarios que otorgaron su voto a Cospedal, cuyas relaciones con la vicepresidenta de Rajoy venían mostrándose más que manifiestas, y que logró en su favor más de 15.000 votos, pese a ser la gran perdedora del cónclave político.
Quienes imparcialmente seguimos el plebiscito no tenemos por menos que admitir que Pablo Casado aportaría nuevos y salutíferos aires al PP, últimamente tocado del ala por motivos archisabidos de corruptelas, que venían obrando decididamente en su desgaste. Casado representa sangre nueva y revitalizadora de una formación política que venía dando claras muestras de abatimiento y de pérdida creciente del esplendor logrado tiempos atrás. Un rival meritorio y correoso para enfrentarse contra Pedro Sánchez y las huestes de Albert Rivera, en un pugilato para ocupar el centro político hoy en dudosa vigencia y que adolece de otras figuras políticas garantes de su continuidad en el espacio político de aquí y ahora.
Se alzó victoriosa Santamaría en el primer asalto pero se alzan voces que apuestan por Casado, algo que parece indudable que ocurrirá más temprano que tarde. Al tiempo…
Y lo que sería lo mejor para el PP porque