JOSÉ BECERRA
Es una guerra desatada en toda regla. Los másteres y tesis de los políticos encumbrados en tela de juicio. Por unos y otros se enarbolan la bandera de las discordias y exigen que los oponentes esclarezcan si los que obtuvieron en su día se ajustaban al rigor y las exigencias académicas requeridas en su momento. Con la dimisión de la ministra de Sanidad Carmen Montón, conocida la cuestión de la ilegitimidad de su Máster por plagiar, al parecer, buena parte lo que en el documento se plasma, han hecho saltar todas las alarmas en lo que se refiere a la realización de estos estudios por diferentes políticos de altos vuelos.
Las dudas se alzan ahora como sombra siniestra y amenazante sobre el presidente Sánchez. O sea, que se pica en lo más alto. El diario ABC afirma que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pudo plagiar en su momento, si no la totalidad de su tesis doctoral, sí buena parte de ella. La acusación tiene su intríngulis, ya que parece poner en evidencia el celo y las exigencias que venía reclamando para sus oponentes políticos en casos parecidos. Los expertos en estas materias, se supone que tras incisivos estudios y luengos exámenes, hablan sin pelos en la lengua de “falta de integridad académica”. Se apunta por quienes han entrado a saco en la tesis cuestionada que aparecen por doquier corta-pegas, entre otras ausencias de rigor académico, los cuales ponen en solfa el valor que con el documento en cuestión se pretende.
Se está viendo en estos días que se han abierto la caja de los truenos en lo que toca a estos trabajos de los aspirantes al doctorado. Uno que anda como perplejo entre dimes y diretes de unos y otros y no sabe bien a qué carta atenerse en un asunto peliagudo que amenaza con desestabilizar los cimientos de un gobierno que accedió al poder hace cien días o poco más.
Se espera con interés el desenlace de esta cuestión que ha llegado a concitar el máximo interés no solo en España sino que traspasando fronteras ha llegado hasta países extranjeros. Quienes no hemos tenido acceso a este documento no poseemos elementos para enjuiciarlo y por tanto a poner en duda su validez ni juzgar el trabajo de sus autores. Sí sería conveniente exigir a los responsables académicos que los analizan y juzgan que extremen su precaución a la hora de estudiarlo y concederle el beneplácito por cuanto que podrían infligir daños irreparables a los examinandos como ahora acaba de ocurrir al ponerse en duda la honradez de alguien que como Pedro Sánchez rige los destinos de España, el cual acaba de refutar los asertos vertidos en su contra. Un gesto de éste que le honra y que dice mucho a su favor.
Sin embargo, dicho eso, habría que contraponer el hecho de que existan concesiones selectivas y que atañen al común de los estudiantes universitarios. Aquellos que tienen la imperiosa necesidad de acudir cada día a clase, o no poder convalidar asignaturas de las que otros pasan alegremente, por no mencionar la obligación de presentar documentos que acrediten conocimientos adquiridos sin apelación posible, ni excusa o pretexto. Algo está fallando en las estructuras académicas que no dejan de alarmar al ciudadano de a pie, mudo testigo de acontecimientos que atañen a “rebajas selectivas” que obran en detrimento del alumnado normal y corriente, el cual forma la inmensa mayoría de quienes se aposentan cada día en las aulas de su jurisdicción. Másteres inflados y tesis dudosas son hoy por hoy frecuentes, e importa poner remedio en beneficio de todos.