Foto: Diario SUR
Pensionistas cabizbajos
JOSÉ BECERRA
Y es para estarlo; no solo cabizbajos sino alarmados en extremo. Son las sensaciones que experimentamos los que gozamos de una pensión mínima que apenas nos alcanza a cubrir las necesidades del mes. Lo de gozar no deja de ser una exageración ya que lo que nos permite con ella es malvivir durante ese periodo de tiempo. Sin embargo, y dado las circunstancias actuales que inciden directamente en la bolsa de las pensiones, el futuro se nos pinta más obscuro si cabe tirando a negro. Es lo que dan a entender los estudiosos del PwC, una red de firmas que tiende su influencia en más de 150 países merced a sus más de 200.000 profesionales que aspiran a brindar una información exhaustiva del momento económico por los que atraviesan aquellos a raíz de la petición de auditoría y asesoramiento fiscal . Es lo que ofrecen a quienes solicitan sus servicios discrecionales, y en el caso de España sus conclusiones no dejan de ser alarmantes. Juzgan quienes han sido consultados por esta firma en lo que toca a nuestro país – más de un 80% de expertos en la cuestión – las pensiones, de seguir la trayectoria actual, difícilmente remontará la tercera década del siglo actual, cuando ya nos encontramos a un par de años del final de la segunda.
El llamado Pacto de Toledo, campo virtual de batalla en el que se dirime el futuro de las pensiones en esta España nuestra, no parece que haya arribado a un final feliz. Se acordó días atrás revalorizarlas conformes al IPC de cada año. Algo es algo y menos es nada. Miren por donde para llegar a esta conclusión convinieron políticos de uno y otro signo. Con decir que se pusieron de acuerdo hasta Partido Popular y Podemos, por mencionar los dos polos emblemáticos que aglutinan al resto de partidos que concurren en la alianza en pro de un futuro más halagüeño para quienes llegaron al final de su etapa laboral, barruntamos que trabajando codo con codo para lograr un final satisfactorio. Claro que el Pacto solo puede incidir en recomendaciones para una posible legislación al respecto del gobierno de turno, que es el que trata con los llamados agentes sociales, paso necesario para que la cuestión salte al Congreso y desde allí se legisle al respecto.
Existen dígitos que asustan y, por ende, dan que pensar. Diez o doce años atrás el remanente necesario para satisfacer a los mayores que esperaban su estipendio mensual era de 90.000 millones de euros; en este año que transcurre asciende a más de 145.000, euro más, euro menos. Hoy por hoy esperamos los emolumentos mensuales alrededor de 9,5 millones; diez años atrás éramos poco más de 8 millones los que nos acercábamos cada primero de mes a la oficina bancaria más próxima y esperábamos turno ante la cola pertinente.
Se habla de resultados mínimos para señalar el acuerdo alcanzado en el Pacto de Toledo; sin embargo admitamos que el Gobierno, conseguido el acuerdo entre las diferentes formaciones políticas que tienen voz y voto en el asunto, ha logrado un tanto a su favor. Bienvenido sea, porque el acuerdo, que no olvidemos se supedita a la decisión del gobierno de turno al respecto, mantiene que las pensiones asciendan al unísono del coste de la vida, ese IPC que nos solivianta y apoca. Porque esta esperanza se resquebraja y se desvanece, es de temer, si se considera que su sostenimiento tiene el hándicap insalvable de momento por parte de quienes debieran sustentarlo, los cuales sufren la lacra de salarios bajos en el mejor de los casos y de un paro pertinaz en segundo lugar que vendrán a lastrar su permanencia.
Es lo que se vaticina en boca de autoridades de la Seguridad Social quienes teorizan sin temor a equivocarse que si no existen otras vías de financiación lograr este objetivo habría de ser poco menos que lograr la “cuadratura del círculo” a saber, un problema irresoluble, por emplear términos matemáticos que aluden a una solución imposible.
El anhelado Pacto ha sido posible para calmar los ánimos de pensionistas que, sin embargo, oliéndose lo peor no han cesado de tomar la calle. El raquítico ascenso de las pensiones mínimas no ha supuesto precisamente el bálsamo de Fierabrás para calmar sus inquietudes. El compromiso de mantenerlas acordes con el IPC ha sido la solución de quienes ahora nos gobiernan, pero la armas siguen en alto por lo que el porvenir puede deparar. Por fuerza, hemos de permanecer cabizbajos.