Las lluvias asolan la pasarela del Gato
JOSÉ BECERRA
Cuando los ríos transcurren con aguas serenas son un gozo para quienes los contemplan. Serenan el ánimo y predisponen el alma para la meditación y el sosiego interior. Otra cosa es cuando las lluvias desatadas aumentan su curso y avanzan buscando ansiosos el mar para apagar su repentino furor y allí volver a remansarse como antes de que el desatado temporal hiciera mella en su tranquilo deslizar desde tierras adentro.
El río Guadiaro, encabritado como no se conocía desde mucho tiempo, sometido a la inclemencia de las aguas que se llevaban por delante a todo cuanto se ponía a su paso, acabó por llevarse por delante un puente que facilitaba el acceso a la tan singular Cueva del Gato. Un estropicio natural producto de la inclemencia de las lluvias torrenciales que han abatido la zona en días atrás.
Como subrayó la alcaldesa de Benaoján, Soraya García, parecía inconcebible que pese a la furia de los elementos atmosféricos encrespados, en este caso unas lluvias que han venido a asolar buena parte de la provincia malagueña, nada hacía prever que la pasarela fuese arrastrada. Pero ocurrió merced a tan inopinada crecida del río Gaudares o Campobuche, que por ambos nombres se lo conoce, por lo normal manso y de suave discurrir entre peñas. La estructura fue construida y colocada ex profeso para, además de facilitar el paso a quienes deseaban visitar tanto el interior de la gruta como los parajes idílicos que la envuelven, resistiera las acometidas de los elementos atmosféricos desatados.
Por su incuestionable valor, junto al que ofrece el de la Pileta, asombro del mundo, la primera edil, atenta siempre a las cuestiones inherentes al pueblo, consiguió meses atrás de la Diputación Provincial la construcción de este puente sobre aguas mansas que salvaban el cauce del Guadiaro a su paso por las cercanías del Gato. Nada menos que 200.000 euros aportó la Diputación Provincial para materializar el proyecto que vino a dar consistencia a un proyecto que puso en valor tan emblemático monumento natural, facilitando de manera cómoda y segura el acceso al lugar.
El estropicio causado por cuestiones atmosféricas adversas es de esperar que pueda ser subsanado más pronto que tarde. La famosa gruta, orgullo de los habitantes del pueblo y admiración de quienes hasta ella se aproximan, lo merece, así como la salvaguarda del oasis de paz que la envuelve.