JOSÉ BECERRA
¿Son conscientes nuestros políticos, ahora en refriegas poco menos que sangrientas para perpetuarse en el poder adquirido o para lograrlo desbancando a su oponente de turno, en que están en juego el futuro de nuestras pensiones? ¿Se muestran sabedores de que el sistema navega el el mar de los sargazos en donde el final de lo que lo transitan son más que propicio a una naufragio irremediable?¿Son conscientes quienes rigen nuestros destinos de que el sistema de pensiones está condenando a sufrir serios quebrantos cuando quienes pueden tener acceso a un trabajo están muy por debajo de quienes llegan al final de su vida laboral y por ende aspirar a una ansiada pensión? Son estas premisas elementales, pero se nos antoja que no siempre quienes nos gobiernan y de rechazo, los sindicatos, se muestran lúcidos que el sistema de pensiones, en la que tanto ciframos nuestras esperanzas, puede sufrir un colapso cuando ese temido receso de trabajo se produzca por mor que la economía que lo sustenta sufra decaimiento y setambalee, Dios no lo quiera, y entre en franca quiebra. Si se llega a una situación de merma en el empleo y se muestra un déficit en los que cotizan, apaga y vámonos, que se dice ante los estropicios de cualquiera naturaleza. Con el postureo latente de nuestros políticos, de los que se nos ha servido una evidente panoplia en sus actuaciones y componendas a raíz de las últimas elecciones municipales y autonómicas, el sistema de pensiones se desliza por una superficie tan resbaladiza como peligrosa. La “hucha” languidece a ojos vista y es el crédito el que permitirá que, una vez más, que la extra del verano que ya está en ciernes se pueda hacer efectiva, a causa de una quiebra técnica de la Seguridad Social por mor de perdidas que ha venido acrecentándose desde casi una década atrás, por lo que el sistema, tan quebradizo, no tienen por menos que resentirse. Es el Tribunal de Cuentas quien lo predice y nefasto será hacer caso omiso a sus reiteradas advertencias. Conviene estar en guardia por el devenir que puede ser no muy halagÜeño, no ya para quienes goza de la pensión ganada a pulso, sino para quienes aspiran a conseguirla en el futuro. El Pacto de Toledo tiene que ponerse las pilas y a remolque del órgano fiscalizador que se ocupa del dinero de todos, actúe más pronto que tarde para solventar la inestabilidad del sistema y llevarla a buen y seguro puerto. Para que los pensionistas de ahora y lo del futuro puedan respirar tranquilo. Porque las perspectivas no son nada optimistas, ya digo. Si los populistas por prestar su apoyo a Sánchez obtienen el mando en la Seguridad Social, en lo que toca a los pensionistas se habrá hecho un pan como unas tortas. Cabizbajos andamos.