Entidades bancarias a trasmano
JOSÉ BECERRA
“Tocata y fuga”, si echamos manos al argot de los músicos, fue un término, como saben, empleado en la época renacentista que reflejaba la destreza del intérprete en la ejecución de una pieza: vivacidad y maestría de pasar de unas notas musicales a otras la caracterizaban. Viene a cuento la expresión si la aplicamos a la desbandada de las oficinas bancarias en buena parte de nuestro país: con la misma diligencia y hábiles mañas vienen abandonando a los pueblos de la España rural dejando a sus antiguos clientes con un par de narices. El trato personal que las caracterizaba y que tanto agradecía la clientela lugares como que se esfuma y hunde en la perplejidad cuando no en el encono a quienes de lo gozaban. Se cerraron oficinas a cal y canto y con esta unilateral determinación vienen dejando a la España rural sin saber a donde acudir para presenciar in situ el desarrollo de sus ahorros, pagar la factura de la luz, o comprobar cada principio de mes la llegada de su pensión y disponer de ella a pocos metros de su domicilio o del bar próximo para su regusto y satisfacción. Por el contrario tiene que echarse las piernas al hombre y viajar a la ciudad más cercana y preponderante para un servicio que se le había venido brindando desde décadas atrás in el menor esfuerzo por su parte. Esta nueva estrategia no tiene por menos que desconcertar a la clientela de siempre. Hasta hace poco tiempo era el banco en cuestión quien se desmelenaba para estar cerca del cliente. Se hizo uso y abuso de lo que se consideró “un excelente bis a bis”. La falacia mantenida ha saltado por las aires y como siempre ocurre, son los menos favorecidos por la fortuna quienes pagan las consecuencias. El número de oficinas que han echado el cierre sobrepasa con creces las 20.000. Desapareció como por arte de magia lo que fue un paradigma de: el trato amigable de los empleados hacia la clientela pueblerina conocida de toda la vida. Pagan los fieles clientes los posibles quebrantos del sistema bancario. Se acabó el trato amigable con el recorte de personal y la desaparición de empleados con los que se mantuvieron lazos de durable amistad. Un nuevo cariz de los bancos de siempre, cuya frialdad si no sobrecoge apoca a la clientela que se ve obligada a abandonar su pueblo de residencia para ir a resolver sus asuntos pecuniarios allí en donde se sienten extraños. Otra cara amarga para los habitantes de pequeños núcleos de población que van quedando, mal que les pase, a trasmano.