Dislates de políticos
JOSÉ BECERRA
Se pertenezca o no a la militancia de cualquiera de los partidos políticos que hoy muestran sus diversas esencias en el país, no deja de sorprendernos la afirmación que la ministra de Educación, Isabel Celaá, dejara caer días atrás de manera categórica, algo así como que “los hijos no pertenecen a los padres”. Y se quedó tan pancha como quien hace un descubrimiento que glorifica a la humanidad. Sin embargo, lo que sí logró fue el pasmo y el estupor de la mayoría de quienes oyeron semejante exabrupto. Un desatino que no tuvo por menos que convulsionar a propios y extraños, y buena parte de su propio partido. Solo le faltó coronar el desatino con el manoseado añadido de…”ni a las madres”, siguiendo ese prurito reivindicativo a ultranza de los derechos del feminismo, vengan o no a cuento.
¿Podemos pensar sin caer en el oprobio de tamaña afirmación que los hijos que engendramos padres y madres no nos pertenecen en absoluto? Da por seguro la ministra cuyo desatino traemos a colación que pese a engendrarlos unos y parirlos otras, nuestros retoños a los que luego hemos de alimentar, proteger, procurar y pagar sus estudios y asistirles en todos y cada uno de los trances de la vida, no nos pertenecen a nosotros sino que al papá Estado?
Es lícito pensar, atendiendo a la afirmación de la ministra que no se ha parado en mientes en que se publicara para escándalo de sirios y troyanos, que es el papá Estado el que atenderá los pagos que hasta ahora ha recaído en los padres de alumnos empeñados con tenacidad en que nuestros hijos aprendan cuanto más mejor y que abarcan la vestimenta, a partir de los pañales del neonato, los regalos de Reyes y cumpleaños y tras un largo etcétera, acabar con el bocadillo que le metemos en la cartera a la hora de partir para el colegio o de su almuerzo cuando regresen del centro educativo correspondiente.
También es de esperar que el papá Estado se haga cargo de los gastos que se deriven de sus excursiones a doquiera, sus viajes de fin de curso, y, cómo no velar sus sueños nocturnos para que nada los disturbe. Si no nos pertenecen, y es el Estado quien, a le dieron la vida, es de esperar que se ocupen de ellos hasta que se abran caminos por los no pocos procelosos caminos de la vida… Un dislate mayúsculo que no ha tenido por menos elevar las criticas de quienes no han tenido por menos que poner en tela de juicio la afirmación de la locuaz ministra.
Estamos ante una cuestión candente que va más allá de las ideologías que cada cual pueda albergar en sus entretelas. ¿No estará en peligro la patria potestad? Es lo que garantiza la facultad de los padres y que comprende velar por nuestros hijos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, procurar su salud, educarlos y preservar una formación integral… Como para que ahora vengan a decirnos que nuestros hijos no nos pertenecen en absoluto.