Como era de esperar, el Rey Felipe VI acaba de poner con justeza y con la corrección y certeza que le son proverbiales en sus manifestaciones públicas ante los problemas y situaciones que entran de lleno en los problemas que atañen a los españoles, los puntos sobre las íes de una candente cuestión. No se escapa al Monarca la descabellada confrontación que existe entre partidos políticos de diferentes raigambres e idearios y asentamiento en el país, y que no puede redundar sino en desdoro de la avenencia que seria de desear entre unos y otros de distinto signo.
Más que las discrepancias entres quienes comulgan, unos con los resabios de la derecha y otros con los de la izquierda, predisposiciones que ya se nos antojan superadas, lo que se cuece ahora en el candelero político del momento, no es otra cuestión que la de quienes persiguen la unidad de España y de quienes ansían hacerla saltar en pedazos en aras de una rocambolesca aspiración que no tiene razón de ser, por mucho que se desgañiten quienes pretenden hacerla valer.
Cuando se anotan atisbos evidentes de dejar en segundo plano la presencia del Rey, resulta alentador para la gran mayoría de los españoles que su presencia se muestre como paradigma terminante sin la menor mácula en su trayectoria. En contraposición con buena a parte del conjunto político que nos rodea, su figura se agiganta y se nos muestra colmo baluarte de la armonía que otro intentan tergiversar con motivos más o menos espurios y que están en la mente de todos, caso de los virulentos líderes catalanes, empeñados en su radical como impropia desconexión con el resto del territorio español.
El debate que ahora se avizora con virulencia no es otro que el que enfrenta a quienes defienden la unidad de España a ultranza de aquéllos que ansían quebrantarla en una ambición tan ilegítima como quimérica. No ha lugar, se nos antoja, para esa independencia que atenta contra en sistema que en su día se nos dio y que ha venido siendo de manera unánime aceptado sin cortapisa alguna.
Las palabras del Monarca reafirman la unidad indisoluble de España ante el deseo de algunos fracturarla no podían ser tan elocuentes y acertadas como oportunas.