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José Becerra

La provincia a vuelapluma

Pueblos malagueños sin coronavirus

Una treintena de pueblos malagueños se han visto agraciados con la lotería de que el temido Covid haya pasado de largo sin detenerse en sus inmediaciones. No todo habían de ser los sinsabores de que sus pobladores se viesen sumidos en las distorsiones de toda índole que marcan la ausencia de beneficios que sí vienen a recaer en conurbaciones de calado que gozan los pueblos de mayor enjundia de las provincia. Acusan la falta de personas que buscaron otros rincones del país o del extranjero que vinieran a solucionar endémicas carencias económicas latentes en los más desahuciados por la diososa Fortuna. Situaciones graves, que sin embargo ahora se ven atenuadas merced a la suerte de que una maligna epidemia pase de largo y no venga e cebarse en sus ya escasos pobladores. Responsabilidad de los vecinos oyendo las proclamas de sus respectivos alcaldes y poniendo en práctica sus requerimientos han heho posible esta salvedad de la que hoy hacen gala.

Llama la atención que entre estos pueblos malagueños que no han necesitado desfrenestar el virus porque no ha osado penetrar en sus viviendas desde Archez a Serrato, pasando por El Borge, Comares y Carratraca, entre otros, los pueblos que se alinean a lo largo y ancho y de la Serranía de Ronda se muestran en su mayoría indemnes a sus acometidas. Pueden presumir de esta fortuna Atajate, Benadalid, Benarrabá, Benaoján, Jimera de Líbar, Montejaque y hasta Montecorto, pasando además, entre otros, por Faraján y Parauta.

Por sus calles se puede pasear sin esperar que de uno de sus callejones en los que se asoman casas de antiguas apariencias pueda saltarnos el solapado enemigo que tantas víctimas se está llevando por delante en otros territorios de mayor abolengo. Se puede respirar a pleno pulmón en sus esquinas sin que el miedo que se atisba en las ciudades tengan razón de ser por estos contornos. Algunas ventajas, y ésta no es menor, tenían que tener estos pueblos en los que se puede respirar a pleno pulmón sin temor a las asechanzas del enemigo que tiene sobre las cuerdas a media España.

Se siguen las informaciones que son un torbellino cada dia y que nos aplanan, y quienes ahora vivimos en populosas ciudades no podemos por menos que volver siquiera sea con la imaginación a los lugares tranquilos de los cuales uno es oriundo. Esos lugares de los que se dicen, con no poco desdén, que nunca pasa nada, y que quienes en ellos vivimos buena parte de nuestra existencia, no podemos por menos de congratularnos de haber visto transcurrir buena parte de nuestra existencia en ellos. Siguiendo el torbellino de noticias que nos perturban en la gran ciudad ¡cuánto daríamos ahora por pasear por sus calles sin el menor atisbo de preocupación o congoja!

¡Dichosos quienes ahora lo hacen por Cartajima,o Faraján,o Parauta! ¡Ni rastro de la maléfica ponzoña en sus tranquilas calles! Nos vienen a la mente los versos de Fray Luís de León, que supo como nadie cantar la tranquilidad y sosiego de los lugares alejados del tumulto de la ciudad: ¡Que descansada vida/ del que huye del mundanal ruïdo/ y sigue la apartada senda/ por donde fueron/ los pocos sabios/ que en el mundo han sido!

Ver transcurrir los días en un pueblo apartado sin la menor aglomeracion de habitantes, tiene sus ventajas. Las tuvo siempre, pero ahora se acrecientan a más no poder. Vuelven hacia ellos si no la mirada sí el pensamiento, y muchos no dudarían en abandonar el ajetreo de la ciudad para gozar del bienestar perdido del pueblo del que es oriundo y que lo viera nacer.

 

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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