No se sabe si catalogar la noticia como brillante pero sí como substanciosa, y en grado sumo. Parauta,un pueblo de la Serranía de Ronda cuya población no llega a los 300 habitantes se congratula con la decisión de su alcaldesa, Katrin Ortega, de que un jamón “pata negra”, el bocado más codiciado de este animal bobalicón y lustroso de cuatro patas, cuelgue en todas y cada una de las casas del pueblo con motivos de la Navidad. “Menos luces y farolillos y más substanciosos bocados”, parece que ha debido pensar juiciosamenta la primera edil de este pueblo de prosapia histórica, a menos de 14 kilómteros de la ciudad de Ronda, en la vertiente sur de la sierra del Oreganal, a dos pasos de los montículos de la de las Nieves. Aquí, en sus y inmediaciones se da por seguro, según los antiguos cronicones rondeños, que naciera en su día nada menos que el caudillo muladí Omar-Ben-Hafsum, de preclara memoria histórica.
En este pueblo de enjundia moruna y serrana y acariciado según antiguos cronicones “por el rumor callado de sus fuentes”, se ha pensado que en estos momentos procelosos que atravesamos nada mejor que alegrar las pituitarias con el sabroso bocado que ofrece este animal hozador por naturaleza aunque el brillo de sus calles se atempere. Una decisión juiciosa que la población ha recibido con júbilo, cuanto más si se acompaña con chorizo y salchichón ibérico genuino de estas tierras del sur más al sur del país. Sobre todo si se acompaña con tragos acompasados de un vinillo de depurada crianza en las cercanas bodegas de Ronda.
Pero no es el único pueblo serrano que ha pospuesto el alumbrado en sus calles. Lo propio hicieron Alpandeire y Júzcar. Los munícipes de estos pueblos, uno enclavado en un terreno fragoso que dominan las cumbres del Jarestepar y el Puerto de Encinas Borrachas, y el otro inmerso en el Valle del Genal, decidieron, el primero, eliminar las luminarias y con su coste permitir que sus habitantes se hagan pruebas PCR a la vecindad y lograr así que respiren tranquilos tras la observancias de algunos contagios en la vencindad. Júzcar, por su parte, decidió repartir regalos entre niños y ancianos con el montante destinado a la iluminación navideña.
Benarrabá -Hijos de Rabat, según su ascendecia árabe- enclavado en la margen derecha del río Genal, no ha querido quedarse atrás en esta meritoria acción de repartir regalos a la vencidad en detrimento del derroche de luces navideñas. Por su parte, el casi medio millar de habitantes recibirán en sus domicilios cajas de mantecados y fruslerías para los menores, sin impotarle mucho al Consistorio que el pueblo mantenga la normal iluminación de sus calles. El fin justifica los medios, que dice el dicho popular.
Ronda, meollo y centro neurálgico de estos pueblos serranos, sí ha querido que, continuando la tradición, un esplendente alumbrado ilumine sus calles. El prestigio de la ciudad lo exige y su brillo es un acicate para que en ella confluyan la ciudadanía de todos los pueblos ubicados en sus inmediaciones. Su alcaldesa, María de la Paz Fernández,así lo estima como manera de asentar una tradición que viene de siglos atrás y que se perpetuó en el tiempo.