Han sido las primeras y más frecuentes víctimas de ese monstruo invisible y violento que viene cebándose sin treguas en la especie humana, y sobre todo, como es sabido, en quienes columbran ya los 80 años de vida o de quienes ya la sobrepasaron con creces. Pero he aquí que, como informa sapientes profesores de Biología de la Universidad Politécnica de Cataluña, quienes rondan en su existencia edades avanzadas empiezan a respirar tranquilos porque el “bicho” asolador parece que se ceba menos en ellos, por lo menos no lo hace con la virulencia que ha sido una constante hasta ahora.
Un estudio concienzudo de Clara Prats, una investigadora de prestigio del citado centro catalán, afirma que maneja datos que confirman el descenso de la mortalidad en mayores octogenarios, lo que no deja de ser una buena noticia para quienes rondan o traspasan esa edad. Se comprueba así que la vacuna surte los efectos esperados está manifestando sus frutos, lo que no deja de alentador para quienes rondamos esa edad o la traspasan con creces.
Los mayores estamos en el ojo del huracán desde que comenzó la pandemia. Tanto los que ven transcurrir sus días en una residencia como los que aún, con las mismas limitaciones y quebrantos que la edad avanzada impone, hemos permanecido en nuestros hogares pensando en la verdad que encierra la afirmación “como en casa en ningún sitio”. Los que aún resistimos en nuestros hogares y esperamos la vacuna que venga a poner un valladar al “bicho” que anda por doquiera dispuesto a hacernos pasar a mejor vida, no podemos por menos que congratularnos con la buena nueva de que se está consiguiendo esquivar sus zarpazos mortíferos.
Pero nuestro gozo en un pozo. El consejero de Salud y Familias, Jesús Aguirre, ha venido a decir hace un par de días de una ralentización de la vacuna la covid para los mayores de 80 años. En otras palabras, que toca esperar hasta la mitad del mes de abril para que podemos ser inoculados con la substancia salvadora porque no hay para todos. Por lo que se ve los envíos del “bálsamo de Fierabrás, o panacea cervantina” no está llegando a nuestro país con la prontitud requerida y deseada.
Así que, mientras vemos que otros, más jóvenes y robustos reciben la substancia salvadora, quienes mostramos canas y arrugas en la tez sin cuentos amén de otros desmejoramientos físicos y psíquicos, entre otros, nos toca esperar, cuando deberíamos ser los primeros en recibirla. La explicación que se nos das es que las vacunas salvadoras de Pfizer y Moderna están llegando a Andalucía con cuenta gotas. No lo ponemos en duda, así que nuestro gozo en un pozo. Quienes por razones de edad nos asomamos al abismo y corremos el riesgo de sucumbir en él, nos toca esperar. El desaliento, como no podía ser de otra forma, nos subyuga. Respiramos aliviados, pero con negros nubarrones sobrevolando nuestras cabezas.