Quienes sobrepasaron con creces los 80 años, o se acercan elogiosamente a esa frontera de la edad, entre los me cuento mal que me pese, y no ven transcurrir sus vidas en residencias, les toca esperar para recibir la panacea del pinchazo que les libre de los traidores zarpazo del maléfico virus que tantas vidas se está llevando por delante. Se barrunta que no será hasta finales del mes en curso o las primeras semanas de abril cuando podrán recibir el antídoto que venga a poner una ansiada esperanza de vida más allá de esos años que columbran el final de dilatadas existencias, pero en los que nos regodeamos a placer merced a estados anímicos más o menos convincentes.
El consejero de Salud y Familias, Jesús Aguirre, echó días atrás un jarro de agua fría sobre las cabezas de los ochentones advirtiendo que la llegada de vacunas, hoy por hoy, se ralentizará porque no hay dosis suficientes, ya que de una semana a otra los envíos se han reducido en nada menos que 5.000 dosis. O sea, que se quiera que no, toca esperar a una población que, como es sabido, es con la que de manera más directa y fulminante se ceba el virus.
Quienes peinan canas o lucen relucientes calvas por mor de los años de existencia que acumulan no les queda otra que hacer de tripas corazón y esperar que en el intervalo tengan la suerte de esquivar las andanadas mortíferas del traidor y fulminante bacilo, y que pase de largo de sus vidas, ya de por sí maceradas por los años.
Así que, ante la preocupación creciente de los octogenarios, el consejero ha pedido que se armen de paciencia porque les toca esperar. Ha querido apuntalar su petición recurriendo a una promesa de la ministra de Sanidad, Carolina Darias, que dio por seguro días atrás que alrededor de 200.000 dosis de la vacuna Pfizer nos llegarían en el mes próximo. Cantidad que habría de servir para inyectar la substancia salvadora en primera instancia a quienes forman la cohorte de octogenarios.
Apuntaba además la ministra en su alocución algo que el común de los mortales dábamos por hecho, y que no es otra cosa que la certeza de que el virus se viene mostrando particularmente peligroso para quienes rebasaron los 60 años, y que si este numeroso grupo logra remontar sin mermas significativas hasta llegar a principios del verano se podría cantar victoria porque ” la inmunización para esta población es más que probable que se habría conseguido.
Y en esa estamos los mayores, esos que esperamos como agua de mayo, que para abril o mayo nos lleguen hasta 700.000 dosis por semana a Andalucía, como se nos asegura por activas y pasivas. Con esas afirmaciones nos quedamos quienes jamás hasta ahora habíamos suspirado por un pinchazo que vendría a facilitar nuestra estancia en ente mundo. Por lo menos más allá de lo que ahora barruntamos, amenazados de cerca por el enemigo común que otea sobres nuestras cabezas, ávido de hacernos morder el polvo sin más contemplaciones.