Las acusaciones de Luis Bárcenas en sede judicial, sean o no verdaderas, que eso está por ver pese a la documentación mostrada durante el interrogatorio que mantuvo en vilo a media España ( la otra mitad ya ha hecho de su capo un sayo y abrumada por estos episodios que ahondan en la desconfianza hacia los políticos pasa olímpicamente de ellos), lo cierto es que han incidido que en el partido que hoy ostenta el poder reine la preocupación cuando no la ofuscación. Cierto también que al hilo de los acontecimientos una actitud de acoso y derribo se puede ver en el resto de formaciones políticas, sobre todo en el PSOE levantando el hacha demoledora sobre el adversario para asestar el golpe mortal. E incluso en las bases de la militancia popular reinan las dudas y lo que es más grave los conatos de disidencias aunque aquí el malestar es soterrado y apenas sale a flor de piel. Y sin olvidar el papel, nunca mejor dicho, de cierta prensa que en todo este asunto ha jugado una basa relevante en este asunto, cuando no la más decisiva, para poner al Gobierno sobre las cuerdas.
A esto quería llegar. Y traigo a colación, ante el poder omnímodo de la prensa( el cuarto,después de los tres consagrados por Montesquieu ),capaz de de poner en tela de juicio la fiabilidad de los gobernantes de un país, aquello de que “ el medio es el mensaje”, frase acuñada por McLuhan, un visionario del periodismo moderno con más razón que en un santo en mi modesto entender, con la que ilustraba su idea de que el medio de comunicación no tiene un papel neutro, sino que “moldea todo el proceso”.
La pregunta es que si moldeando todo este proceso e incidiendo en un asunto que puede acarrear serios problemas al país no nos estaremos perjudicando todos. Sólo hay que recordar lo acontecido en Grecia o Chipre, por no irnos muy lejos en el tiempo, y el improbable derrocamiento del Gobierno en nuestro país no haría sino ahondar en la profunda crisis que nos agobia, precisamente ahora cuando habían empezado a verse destellos esperanzadores para desterrarla. Es lícito, creo, abogar por un ejercicio de responsabilidad de quienes intentan socavar, en aras del servicio a la información, bien es verdad, los poderes legalmente constituidos, los cuales consiguieron que nos miren desde el exterior con más confianza. Un papel más comedido sería de desear. Para no hacer sangrar nuestras propias heridas.
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