Hay quien se adentra en este parque de Málaga, situado en el extrarradio capitalino con más brillante futuro, provisto de cartones para ahuyentar a las moscas que seguramente vendrán a importunarle durante su estancia en el recinto que debería ser de recreo y solar para el viandante. Los insectos que responden a la clasificación vulgar de moscas en el orden de los dípteros han perseguido al hombre desde la prehistoria,algo que se me hace patente esta tarde en la que no dejan de perturbar mi paseo tranquilo o el descanso que proporciona la fresca sombra de algunos de los árboles que me acogen del bien pertrechado terreno vallado de flora y fauna valiosa. Yo las espanto a golpes de mi gorra con la que intento asestarle un golpe mortal, que nunca logro para mi desdicha. Invitaría al alcalde de la ciudad o al concejal de Parques y Jardines a que se diesen un garbeo al caer la tarde por el lugar;eso sí aconsejándoles que vengan por si las moscas, nunca mejor dicho, provistos de lo necesario para evitar que los molestos insectos de alas transparentes se ceben en su persona.
Este parque podría ser un parque encantador (tiene todos los atributos para ello: profusa vegetación- buganvillas floridas y trepadoras, pinos y cipreses atrevidos, amén de airosas palmeras, entre otros especímenes arbustivos que hacen la vida amable a una variedad notable de avecillas del más variado pelaje) si no fuera por estos inquilinos perturbadores del paseo reposado. Y todo porque desaprensivos paseantes dejan en las avenidas restos de sus condumios ligeros esparcidos por el suelo de las avenidas , a lo que se une la caca de los canes (vulgo perros), las cuales cuando se quieren dejar nuestras de civismos se depositan en papeleras, cuyo contenido no se vacía en semanas con lo que los efluvios fétidos se expanden sin contención.
Se reconstruyó, por otro lado, el tobogán infantil que sufrió las acometidas de desalmados destructores del mobiliario urbano,pero sigue arrastrando su presencia deteriorada la fuente circular central que una vez fue iluminada y vistosa,pero que hoy ofrece una imagen de dejadez inadmisible y que no habla precisamente bien de quienes tendrían como obligación mantenerla en su forma prístina para contento de quienes transitan por sus alrededores.