Impuesto solapado e injusto
Los impuestos, ya sean del cariz que sean, en la medida que socavan nuestros bolsillos de manera inmisericorde nunca son bien recibidos. “No hay nada tan cierto en el mundo como la muerte y los impuestos”, sentenció el estadista estadounidense Benjamin Franlin, y ¡con qué razón! No podemos eludirlos (aunque admitamos con Winston Churchill que no existe un buen impuesto y que una nación no puede prosperar a base de impuestos, “lo mismo que un hombre no puede caminar con los pies metidos en un cubo y tirando del asa”),estamos obligados a pagarlos religiosamente.
Pero eso sí, sin que nadie nos quite el derecho a censurarlos cuando nos parecen injustos o se cuelan solapadamente en nuestras vidas. A veces, los tributos sin recurrir a este nombre nos escarban en los bolsillos sin que presenten claras cargas impositivas o no nos lo parezcan.
El llamado Pacto de Toledo, aprobado por el pleno del Congreso de los Diputados en 1995, nació a raíz del “análisis de los problemas estructurales del sistema de seguridad social y de las principales reformas que deberán acometerse”. Se quiso encandilar a los pensionistas argumentándose que actualizar anualmente las pensiones por el índice de precios al consumo redundaría en su beneficio ya que no perderían poder adquisitivo. Pareció que la medida contentaba a los jubilados consciente de que se escogía para ellos entre lo peor lo menos malo. La idea,que no contemplaba la participación en la productividad o el crecimiento económico, pareció satisfacer hasta ahora.
Pero en el lontananza de los jubilados, entre los que me cuento, aparecen negros nubarrones. Con ser mezquina la actitud de quienes decidieron la norma nacida en Pacto, se trueca en injusta cuando, a tenor de la reforma que contempla no actualizar las pensiones sin tenerse en cuenta el alza de los precios de lo que consumismos, se abre abre la puerta a un impuesto progresivo a esta clase social menesterosa ya harta de sufrir los vaivenes dolorosos de la vida.
Veamos: el Estado obtiene cuantiosos beneficios cuando se actualiza de manera automática la recaudación fiscal a remolque del alza de los precios, pero a partir de ahora los pensionistas no participaremos de esa bonanza. Resultado: un impuesto que se nos aplica,como decimos en mi tierra al sur más al sur de la provincia,” sin partirla ni probarla”.
Rajoy habla de bajada de impuestos que están al caer, pero al mismo tiempo no mueve un dedo para paralizar este gravamen que nos amenaza por muy solapado que pueda parecer.
Foto: Pensionistas disfrutando del sol en un pueblo de la Serranía de Ronda (Diario SUR)