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El alcalde de Montejaque,Diego Sánchez, apuesta con firmeza por el cambio de denominación
No transigen los alcaldes de los cuatro pueblos que se alinean a lo largo y ancho del Parque Natural Sierra de Grazalema con que no se modifique una denominación que no responde a la realidad. De Grazalema, sí, pero también de las sierras de Ronda, en cuya proximidad se erigen los municipios de Montejaque, Benaoján, Jimera de Líbar y Cortes de la Frontera.
Es lo que reclaman los primeros ediles y lo hacen de voz en grito, o sea, que alto y claro. Lástima que a la reclamación se le hagan oídos sordos por el momento el Consejo de Gobierno de la Junta, el cual es el organismo que un última instancia debiera dictar el plácet para que la pretensión cobrara visos de realidad. En la reclamación llevan la batuta del litigio , por lo que les incumben, los regidores de los tres pueblos que comparten además de la circunscripción geográfica del espacio protegido, las riberas del río Guadiaro, otro elemento físico que delinea este singular escenario serrano.
No parece que la reivindicación de los alcaldes para una nueva designación del paraje natural haya hecho mella en la delegación provincial de Medio Ambiente. El alcalde de Montejaque, Diego Sánchez, dejó claro ante la Junta Rectora reunida para dilucidar si era o no conveniente el cambio de designación que consideraba improcedente la ausencia del delegado de Medio Ambiente, algo que fue refrendado por la alcaldesa de Jimera y por el regidor de Benaoján, Francisco Gómez; los tres, al parecer, abandonaron la mesa de negociación, en una señal de clara protesta por, además de las reticencias para cambiar el nombre del espacio protegido esgrimidas por el delegado de Cádiz, por las postergación a la que se someten sus pueblos.
Porque bien mirado, la Serranía de Ronda, que sólo se puede equiparar con la sierra de Grazalema (ámbito de valor paisajístico y geográfico propio, que nadie discute) en la escabrosidad de su entorno, pero sus características son propias y su paisaje diferente, por muchas similitudes que se traten de encontrar.
La comarca de la Serranía de Ronda es singular, primero por lo complejo de su relieve (sierras que convergen en una meseta central en la que se emplaza la ciudad del Tajo), y luego por el emplazamiento de sus valles que orientados en dirección NE-SE y paralelos entre sí, facilitan el discurrir de los ríos Guadiaro y Genal, que buscan tierras abajo el litoral mediterráneo en el que culmina el Campo de Gibraltar.
Posee además personalidad propia, desvinculada de manera incontestable de la población de Grazalema y su influencia. La Serranía de Ronda (y la historia lo ratifica) ha sido origen de un fenómeno que sentó sus reales en la zona en el siglo XIX y que ha perdurado hasta nuestros días: no es otro que la atracción que ejerció en los viajeros románticos de la época.
Si bien es cierto que éstos escogieron Andalucía para sus merodeos en España, no es menos cierto que fue Ronda y los pueblos que la circundan los parajes predilectos donde se asentaron, enamorados del exotismo que buscaban, ajeno a la moderna sociedad industrial de la que procedían.
Fijémonos en lo que nos relata una viajera romántica, Juliette de Robersart, que llegó a Ronda a caballo, en mayo de 1863: “ Haber venido a Ronda, a esta ciudad de moros, poética e inaccesible…¡sólo esta basta para colmar la gloria de una vida entera!” Y añade, a continuación, las impresiones de las sierras que servían de antesala a la ciudad, o sea la Serranía de hoy que la cautivaron: “ Cabalgaba alegremente por senderos imposibles, por escalas de piedras resquebrajadizas y suspendidas sobre precipicios tan pavorosos como bellos, pues en los flancos se asientan pueblos, naranjos, almendros y cultivos bien cuidados… Todo esta verde, fresco, embalsamado…”.
Comentarios como éste se pueden encontrar a centenares en la historiografía de la región, pero valga como botón de muestra, sin entrar de lleno en las descripciones de bandoleros y contrabandistas, dos ramas de un mismo tronco, cuyas leyendas ahora se reverdecen por el acierto del Ayuntamiento de Ronda, empeñado en buena lid en hacer el valer el romanticismo decimonónico que impregnó estas tierras con la pátina de la leyenda y lo arcano más inmarcesible.
Por estas y otras razones más concretas y administrativas, la denominación del Parque Natural no estará completa sin la agregación de Ronda y su Serranía, que es por lo que los alcaldes pleitean con ardor y presentan batalla sin pelos en la lengua, porque además se reivindican inversiones y aportaciones pecuniarias, de las cuales se llevan la parte del león pueblos de la provincia de Cádiz que ostentan hasta ahora la denominación del Parque.
Foto: montejaque.es