Tengo para mí y el común de los mortales que siguieron el debate, descontados quienes se adhieren por cuestiones ideológicas al PP o al PSOE, que fue este un debate televisivo entre los cabezas de lista de ambas formaciones políticas en el que no hubo ni claro vencedor ni perdedor absoluto. Se esperaba algo más de Arias Cañete y menos de Elena Valenciano, pero fallaron las expectativas al respecto. NI tú ni yo o ninguno de los dos, que decimos los malagueños afincados en el sur serrano. El exministro de Agricultura no estuvo a la altura esperada y la candidata a los comicios europeos a la vuelta de la esquina hizo ostentación de elocuentes rasgos persuasivos en sus disertaciones que desarmaron a quienes afirmaron que no daba la talla ante la abultada biografía de su opositor en cuestiones europeas.
Porque esa es otra, se esperaba que ambos contendientes se centraran en asuntos que tuvieran como telón de fondo a Europa y nuestra incardinación para bien o para mal en ella, pero sólo de pesada ambos contendientes se refirieron a ello. Algo que no se entiende si de verdad lo que ahora toca es que se nos muestren las ventajas o no de esta adhesión que para los populares resulta irrenunciable y los socialistas ponen en entredicho. Sobre esta cuestión no se dejó nada en claro y se podría decir que la situación para los que piensan votar el día 25 sigue igual, lo mismo para quienes piensan quedarse en casa y hacer caso omiso a la convocatoria.
Se habló sí largo y tendido sobre quienes fueron o no los culpables de la crisis que nos acongoja, de la herencia de Zapatero, faltaría más, del rescate bancario que un contrincante negó y la otra ratificó sin ambages. Y de los parados, de las mujeres, de los jóvenes sin futuro, de la pobreza infantil… Pero esas cuestiones manejadas una y mil veces, aunque lamentables en grado sumo, ya somos sabedores hasta la saciedad. Se esperaba algo nuevo en el encuentro de ambos dirigentes, pero nuestro gozo en un pozo.
Fue indudable el talante agresivamente elocuente de Valenciano, que, en ocasiones puso en un brete a su antagonista y que dio la sensación perder los papeles. Un rival, que no sabemos muy bien si se respondía a un asesoramiento previo – que fracasó a ojos vista -, pero que en cualquier caso recurrió a la lectura y a los gráficos con una insistencia que obró en detrimento de sus alegatos. Aparte de su descabellado “rescate maravilloso” de la Banca que dará que hablar, y no poco. A lo que un día después habría que añadir su desafortunado comentario sobre las mujeres, algo que le valido no pocas acerbas críticas.
Ambos, por otra parte, y esto anecdótico incurrieron en tics nerviosos bien visibles: Valenciano, con el movimiento de cabeza tratando de evitar en su rostro el mechón de pelo rebelde sobre el rostro; Cañete con esa salivilla inoportuna que afloró en su boca.
En suma, un debate desconcertante que no creo que aporte mucha luz sobre materias que ya son de sobras de dominio público.