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José Becerra

La provincia a vuelapluma

Benaoján y Montejaque: embutidos y aceites de prrestigio

 

Benaoján y Montejaque: embutidos y aceites de prrestigio             

JOSÉ BECERRA    

Los pueblos de la Serranía de Ronda nunca se han conformado con su suerte. Podrían verse anquilosados por mor de la difícil orografía que impidió desde tiempo inmemorial una salida fácil al exterior. Paisajes de belleza innegable los rodean pero las comunicaciones siempre fueron deficientes precisamente por el relieve abrupto que los acoge.

   Lo siguen siendo ahora cuando las exigencias para dar a conocer los productos de sus feraces valles, el del Guadiaro y el Genal,  representan un serio hándicap para una economía netamente rural que encuentra cortapisas para darse a conocer, motivo por el cual la imaginación y el espíritu emprendedor de sus habitantes se despertaron desde épocas remotas de su historia para contrarrestar ese inconveniente dictado irrevocablemente  por la Naturaleza.

  Son dos los casos paradigmáticos que se podrían citar en esta disconformidad de los pueblos serranos por las imposiciones del medio geográfico y el secular atraso de economías supeditadas al agro no siempre floreciente. Se realizaron esfuerzos denodados para establecer puntales que sustentaran medios de vida basados en la industria y se obtuvieron logros alentadores.

    Benaoján, a dos pasos de Ronda, a partir de los años 40 del pasado siglo,

exhibió el empeño de un puñado de empresas familiares obstinadas  en dar a conocer al resto de Andalucía, España y el mundo,  las excelencias de sus fabricados artesanales que tenían como materia prima la carne porcina. La morcilla y el chorizo, elaborada con recetas transmitidas de padres a hijo, en pequeñas fábrica que luego fueron a más, destacando las firmas de los Carrasco, Sánchez y Melgar, entre otras, traspasaron las fronteras de la provincia malagueña y se puso una pica en Flandes allí donde los sibaritas del buen comer sentaban plaza como consumidores de lo más apetecible de la gastronomía hispana.

   De Montejaque, a un corto paseo de Benaoján, habría que recalcar asimismo el carácter de buscavidas de sus  moradores, nunca conforme con cualquier valladar que entorpeciera su empeño en el desarrollo y el progreso ya fuese individual o familiar. Es también un pueblo chacinero desde décadas atrás, pero en los últimos tiempos se exploraron nuevas vías de expansión comercial, basada en productos elaborados o tratados en la localidad. Un buen ejemplo ha sido Al-Jaque, una industria pujante que se abrió con éxito a los mercados de las frutas y las verduras en conserva en buena parte de Andalucía, destacando por su buen hacer y la excelencia de sus productos.

    Hoy, una empresa, “Montexaquez Oliva”  está poniendo una pica en Flandes,  apoyándose en la excelencia del aceite de almazaras de la Serranía de Ronda, que está conquistados mercados tan exóticos como atractivos por su desarrollo económico como Dubai, Emiratos Árabes y la India, amén de otros países emergentes, en los cuales se está poniendo el punto de mira por la capacidad de absorción de productos que, como economías pujantes que son, demandan al exterior.

  Mateo Jackson, quien se encarga de que el aceite montejaqueño llegue a los más recónditos lugares del mundo como valedor insustituible de la dieta mediterránea que tantos beneficios reporta al cuerpo, algo que no se le oculta a nadie y menos a los sibaritas del buen comer y beber, apuesta por el oro líquido que brindan los olivos del Parque Natural Sierra de Grazalema, los cuales responden a un cultivo tradicional para mejorar en lo posible su calidad  y excelente sabor.

   “Aceite de oliva, ajos y todos los males se van al carajo “, dicen de manera rotunda en el Valle del Guadiaro los más viejos, los que saben de estas cosas y acumulan años,  refranes y dichos. Pero no solo el  olivo y su fruto se venera en estas tierras y está a flor de labio popular; también los poetas se ocuparon de él. Como muestra un botón de Antonio Gala: “Sencillo e intrincado/ con su tesoro a cuestas/ el olivar cavila./ En él no son precisos ni rosas ni claveles / sólo estar, siglo a siglo / serenamente en pie.”

   Y de un Antonio a otro – Machado – en unos versos que son canto y oración al cielo: “Olivares, Dios os dé / los eneros de aguaceros / los agostos de agua al pie / los vientos primaverales / vuestras flores racimadas / y las lluvias otoñales / vuestra olivas moradas”.

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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