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José Becerra

La provincia a vuelapluma

Coronación y controversias

La sucesión en el Trono de España ha promovido todo tipo de disquisiciones y polémicas. Por un lado se alzaron las opiniones encontradas y, al parecer, irreconciliables de los seguidores de la Monarquía como sistema político y los que no dan su brazo a torcer en defensa a ultranza de la República. Pero no creemos que ese enfrentamiento verbal se desboque y llegue la sangre al río. Corren otros tiempos, que no son ciertamente los de los años 30 de nuestra reciente historia, y la gente no va más allá de exponer su sentir y pensar porque se tiene conciencia de este derecho y da muestra de ello con razones que cada cual cree fundadas y en muy contadas ocasiones echándose mano al revuelo o al disturbio o la violencia callejera: banderas de uno u otro signo, arengas y poco más.

Se viene hablando hasta la saciedad de los últimos años del reinado de don Juan Carlos I, sus quisicosas familiares y de su posible aforamiento, como así mismodel discurso y los gestos de Felipe VI antes, durante y después de su coronación regia (se han desmenuzados todos los posibles recovecos de su alocución, el cual tuvo tantas como y variadas vertientes), que, por cierto, no ha tenido nada de fastuosa a tono con la austeridad que desde todos los estamentos públicos se exhorta. Hasta se podría decir que ha pecado de excesiva sencillez, no se llega a calibrar bien las razones: el pueblo esperaba una coronación con mayor esplendor, visitantes regios y el brillo que merece un acto que en muy contadas ocasiones se nos a da presenciar en la vida. Y no parece conformarse con aquello de que las “ circunstancias mandan”. Y es que sin despilfarrar y siendo comedidos también se pueden lograr resultados brillantes.

Los que abiertamente se confiensan monárquicos ni que decir tiene quebieran deseado un acto con mayor realce, ,que, sin entrar en controversias, respondería a la importancia que España tiene en el conjunto de los países europeos y de medio mundo.La ausencia de altos dignatarios de países allende nuestras fronteras se han echado en falta: su presencia habría resultado rentable para beneficio de la tan cacareada marca España que intenta abrirse paso en el exterior y en todas las latitudes.

Se prescindió en el ritual de la entronización del nuevo Rey de la corona,el armiño y el cetro,elementos estos que sí hubiesen denotado una tradición trasnochada. Como lo es, se nos antoja, el besanamos y las inclinaciones de cabeza ante los reyes,después de la proclamación. No sería descabellado pensar que Felipe VI, quien perfiló una “monarquía íntegra y transpararente”en el futuro y acorde con los nuevos tiempos, acometa este cambio ( que no deja de ser anecdótico)entre otros de más profundo calado que enumeró y que no tuvieron por menos que ser aplaudidos por el Congreso en pleno y todos quienes por cualquier medio siguieron expectantes su alocución.

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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