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¡”Chapeau” por los tintos de la Serranía!
Bien venidos sean los halagos que nos vengan desde cualquier parte sobre los vinos cosechados en Ronda y su Serranía. Pero que los términos laudatorios provengan de Francia es algo que hay que sopesar en su justa dimensión, ya que la tierra gala puede presumir en grado sumo de sus vinos, como consideran sibaritas del buen comer y beber, amén de famosos sumilleres de aquí y allá, entre los quefiguran los mejores del mundo. Todos acreditan su calidad sin tapujos.
Si en la tierra del Don Periñogn se alza, pues, la copa, se pone al trasluz y se saborea unvino rondeño para acto seguido alabar su bouquet afrutado, contemplar lastonalidades que recuerdan a la cereza madura y transparencia sin ahorrar calificativos lisonjeros es algo que debe enorgullecer a bodegueros y vinaterosde la alta señorial ciudad del Tajo: el sumun de color, aroma y sabor, que ya es decir.
Exulta satisfacción por este motivo José María Losantos, el dueño de la bodega“Doña Felisa”, allá en un lugar con tantas resonancias históricas como Ronda, la Vieja, que es en la que fermentó los años requeridos para la cabalb apreciación de su gusto y aroma el tinto “Chinchilla Doble Doce”. Y no es para menos: entre 400 caldos en disputa su vino se alzó con la Medalla de Oro en un concurso internacional celebrado en París para exaltación de la uva “Cabernet”, que es la que, combinada con otras, da pie a vinos ágiles da cuerpo y textura,cualidades tan apreciadas en los catadores de medio mundo, entre aquéllas las queestán presentes la austeridad y las que le conceden lustre de longevidad prestancia.
Pero no queda ahí la cosa: hay un vino rondeño que se asocia con la figura de Bernardo de Gálvez, militar y político español, malagueño de nacimiento(Macharaviaya, 1746). En sus andanzas por tierras americanas, luchando contra los apaches y poniendo a pruebas sus dotes como pacificador llegó a ser gobernador de Luisiana y virrey de Nueva España, ahí es nada, destacando en lascontiendas que llevaron a la independencia de Estados Unidos.
En su escudo dearmas figura el lema que fue constante en su vida, “Yo solo”, divisa que escogió labodega La Melonera de Ronda para un vino de calidad que hoy se muestra en los anaqueles de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, como se ha aireado en medios de comunicación provinciales, como no podía ser por menos, que la noticia es de enjundia, ya que en el docto edificio se alinean como militares en marcial formación presentado armas los mejores caldos del orbe.
Pero sobre los vinos de Ronda llueven los reconocimientos de no importa qué parte del globo terráqueo, algo en lo que tanto tienen que ver el buen hacer de los bodegueros de los predios serranos y de su dominio de la vitivinicultura, puesto a prueba en los últimos años.Item más: señalemos en este contexto que no deja de ser un timbre de gloria para algunas bodegas- caso del rosado del Cortijo Los Aguilares – cuyos vinos se los rifen las damas a la hora de entreverarlo concualquier bocado exquisito de la profusa y justamente alabada cocina serrana.
A Ronda y la Serranía hay que venir para además de abstraerse en la contemplación de sus singulares monumentos,palacios señoriales y antiguas casas de abolengo, hacer un alto en el camino y paladear a lentos sorbos en sus bodegas,que han proliferado comolas margaritas en mayo, el morapio de la tierra que ahora merece la distinción y unánime aceptación de los en de los entendido buena mesa y en la manducatoria de todas las latitudes.
Viene a cuento hablando de las excelencias del vino, el dicho de Miguel Delibes, escritor fecundo donde los haya, que uno asume sin reservas porlo acertado: “ Cinco cosas me agradan mucho: leña seca para quemar, caballo viejo para cabalgar, amigos ancianos para conversar, linbros antiguos para leer y vino añejo para beber”.
“¡ Chapeau por este elixir de los dioses, rondeño por más señas!”