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José Becerra

La provincia a vuelapluma

La importancia de llamarse Pepe

 

La importancia de llamarse Pepe

Un clarificador reportaje que apareció días atrás en SUR debido a la pluma de la periodista Irene Quirante sobre lo apellidos novísimos y los que ya han pasado a la historia porque no hay padres que eche manos de ellos me llenó de cierta zozobra y de un mal disimulado disgusto.

 Ya no hay quien se llame José a secas. El nombre (y no digamos si homónimo Pepe) ha entrado en franca decadencia, después de su apogeo en los años 30 y 40 del pasado siglo. Le siguen no muy a la zaga los de Francisco, Cristóbal, Juan o Antonio y Lorenzo. Estos nombres parece que causan repelo a la hora de cristianar al neófito. En el sexo contrario ídem de lo mismo. ¿A quién se le ocurriría ahora bautizar a su vástago con nombres tales como Josefa, Francisca, Rosalía, Amparo Eloísa o Leonor?

En la década de los 60 esos apelativos tan familiares ellos por sí solo buscaron acomodo junto a otros para no sufrir el destierro por completo. Así aparecieron los José María, Francisco Javier o Antonio Miguel. Se sujetaban así como a una tabla de salvación. También los de Leonor María, Mari Paz… Se huía de los patronímicos breves y sonoros de siempre como quien huye de la peste.

Sírveme de introito cuanto llevo expuesto para llegar al germen de mi escrito, que no es otro que reivindicar mi nombre, por muy simple y discordante que suene.

José es nombre masculino y hunde sus raíces en el pueblo hebreo: lo llevó con orgullo el undécimo hijo de Jacob, imaginen ustedes la tira de años. Si acudimos a la numerología para establecer las condiciones que le son propias a este nombre veremos que los que lo poseen obedecen a una naturaleza emotiva. Es idealista, ama la experiencia y el saber; eso en cuanto a sus dotes anímicas, que en lo que toca a lo material le gusta sentirse recompensado por sus esfuerzos al conseguir sus metas, ya sea en el trabajo, ya en su afán por conseguir una posición social.

Posee talento natural y se expresa como pensador que hace gala de un talante claramente moral. Su espíritu es conservador. Se alinea por ende en formaciones políticas que obedecen posiciones jamás rayanas en lo extremado, sin que eso quiera decir que no posea un carácter enérgico llegado el momento. Se muestra diligente a la hora de conseguir sus propósitos, pero se muestra siempre respetuoso con los demás, lo que no es poco en estos tiempos en los que se menosprecia el saber estar y el comportamiento respetuoso con los demás.

José o, familiarmente, Pepe. O Josefa, Rosalía o Brígida se encuentran en franca decadencia. Se huye de estos apelativos como de apestados. Hoy para uno y otro sexo son otros los nombres que ganan terreno.

Hoy día, los que se prodigan para los niños son los de Sergio, Mario, Alejandro, Pablo o Iván. Y para el sexo opuesto los de Cristina, Alba, Paula o Sandra. O bien se recurre a otros que nos vienen importados (y aquí se riza el rizo de la modernidad), pero que ya no sorprenden a nadie. La nomenclatura es amplia, por lo que nos quedaremos solo con un puñado: Ada, Ágata, Amanda, Audrey Brenda o Chantal, amén de Cintia, Desirée o Denise. Hay donde escoger para que los padres puedan presumir de progres, vocablo éste en la actualidad rayano con lo despectivo.

La importancia de llamarse Ernesto” es una divertida comedia de Orcar Wilde escrita en 1895 y cuyo contenido habla sobre las costumbres y la seriedad de la sociedad del momento haciendo solfa de ella y con clara intención de vituperio.

Yo me reafirmo en la categoría de llamarme Pepe, un rasgo de mi propio ser al que no renuncio; es más del que me siento orgulloso. Hoy no hay padres que bauticen a su vástago con ese apelativo, huyen de él como el diablo del agua bendita. Mis descendientes tampoco hacen ostentación de este nombre; el ejemplo cunde en nuestro país, por lo que no es raro que en un día no muy lejano haya desaparecido de la faz de la tierra. Los pepes desgraciadamente serán historia pasada.

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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