No con mi voto
No es que vaya a faltar al ineludible deber de acudir a la cita con las urnas si hay, como parece, terceras elecciones. Asistiré a la ceremonia, sobre en ristre, y me acercaré con beatitud a practicar la liturgia a la que, previsiblemente como digo, se nos convocará en breve tiempo. Eso sí, esta vez, en mi sufragio no aparecerán nombres: limpio y refulgente como una patena. En otras palabras, votaré en blanco, sin el menor escozor: el plantel de políticos y partidos convocantes no suscitan mi atención de ninguna manera, después de asistir al teatrillo de la confusión que nos ha ofrecido en los últimos meses.
El restablecimiento de la democracia obedeció en España, como fue notorio, por muchas y variadas razones. Detrás estaban cambios económicos y sociales de indudable alcance, y, también, entre otros, la necesidad imperiosa de un comienzo colectivo en el país. Un deseo uniformemente admitido de pasar página a una situación política que lastraba el entendimiento entre sí de todos los españoles. Esas eran las premisas clave: pactos y consenso, algo que brilla por su ausencia entre quienes aspiran a regir ahora nuestro destino. Sus peroratas insustanciales nos abruman y aburren sobremanera, cuando no se pierden en el vacío más absoluto, producto del hartazgo insondable que nos producen.
¿No se han percatado aun de que no nos hacen mella y que se pierden en el vacío más absoluto? ¿No de aperciben de que ya contemplamos con aburrimiento y hastío sus soflamas? Lo último los desplantes de Sánchez y Rivera a los propuestas de quienes de manera ostensible ganaron los últimos comicios. El secretario general del PSOE enrocado en su “no” permanente, aún a sabiendas de que próceres del partido de otros tiempos señalan el camino a seguir, que no es otro que facilitar que Rajoy gobierne, aunque luego le salten a la yugular sin miramientos. Le importa un ardite, al parecer, que se aprueben el techo de gastos y los consiguientes presupuestos del Estado, de los que dependen el mantenimiento de pensiones, aunque sea con raquíticos aumentos, o las asignaciones para las Comunidades Autónomas y ayuntamientos, entre otras providencias urgentes e inaplazables y que repercuten en el bienestar ciudadano.
Siguen firmen en sus convicciones que a más de uno nos parecen descabelladas e insólitas, entre otras cosas porque van a impedir la formación de un nuevo gobierno que necesitamos como el estiaje pertinaz ansía las aguas de mayo. ¿Estaríamos condenados otra vez, en el caso de que le sigamos el juego, a oír, que no escuchar, sus argumentos tan vacíos como anodinos? ¿Creen que se podría soportar por tres veces consecutivas las ensartas de desatinos que hemos tenido que soportar va ya para un año?
Con mi voto, no. Decididamente.