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José Becerra

La provincia a vuelapluma

Líderes agotados

 

El plantel de primeros espadas de la política española actual- permítase el símil taurino- no da más de sí, y no precisamente porque suden la camiseta atendiendo a nuestras necesidades más perentorias, las de los que ilusionadamente los votamos en su día. Han llegado a una situación que por las enconadas relaciones entre ellos y la falta de entendimiento que despliegan mucho se duda que lleguen a entusiasmar a quienes desapasionadamente les contemplan, a saber los que no pertenecemos a ningún partido pero que en su día, mediante el oportuno voto, les entregamos las riendas del país con la esperanza puesta en que salvaguardaran nuestros intereses, el de los españolitos de calle, los que ahora andamos más que desorientados, cabreados y sumidos en un desaliento opresivo.

   Urge un cambio drástico en la nomenclatura – Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias – e impera el deseo de que vengan otros a sustituirlos ya que más que una solución para los males de toda índole que nos aquejan – sociales, económicos e institucionales, y pare usted de contar – se están erigiendo como un escollo insalvable.

   El presidente en funciones, de cuyas buenas intenciones no cabe dudar, no acierta a conseguir el pláceme de sus oponentes, pero a la vez se muestra inconmovible escudado en la mayoría de escaños obtenidos en las elecciones de junio y no hay dios que le haga su brazo a torcer (tan poco creemos que ceda ahora, después de destaparse el caso del exministro Soria que está suponiendo un severo varapalo para las filas del PP).  Rajoy y su “genio y figura hasta la sepultura”, que dice el sabio refranero castellano y del que hace constante gala. Férrea voluntad de consenso que se ha estrellado en la coraza hermética que blande su oponente, el adalid del PSOE, Pedro Sánchez, como acabamos de ver y que ha forzado el fiasco de su candidatura. No ha esgrimido éste razones poderosas para su determinación, aparte de su ofuscación y empecinamiento en negarle el pan y el agua a su oponente, al que no ve sino como un enemigo irreconciliable a batir sin remisión.

   Rivera, por su parte, basculando entre dos fuegos, a nuestro entender dando palos de ciego y una veces tiende la mano a socialistas y otras a populares y viceversa. Nada más se supo fallida la investidura de Rajoy vuelve al parecer sobre sus pasos y no hace ascos  a otro entendimiento con Sánchez: Borro el digo y digo Diego.

¿Y qué decir de iglesias, empeñado en una salida imposible? Sigue hablando de cambio, pero dejó atrás lo de progreso. Sus disparatas propuestas sigue siendo un órdago para hacer ganar al líder socialista y desterrar a su principal oponente.

Hace guiños a Sánchez, quien por lo pronto se muestra displicente, pero  buen a buen seguro que abrazaría su causa si le dejaran; eso le da fuerzas para seguir en su obcecada pretensión. “¡Mi reino por un caballo…!”, como clamaba el rey inglés Ricardo III, cuando veía las de perder, en el pasaje inmortalizado por Shakespeare.

Líderes amortizados y agotados a todas luces. Nos están llevando a un pozo sin fondo con consecuencias imprevisibles. Urgen varas nuevas en el plantel de las primeras figuras de la política. Los de hoy se muestran agotados y sin posibilidad de resurgimiento, al menos con bríos para sacarnos las castañas del fuego a la sufrida ciudanía y por lo clamamos inútilmente. i

 

 

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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