El insondable empecinamiento de Sánchez
No se entiende bien el comportamiento de Pedro Sánchez y su ofuscación permanente contra Rajoy y el Partido Popular, que mire por donde se mire, le superó y con creces –nada menos que con 50 escaños de diferencia- en las últimas elecciones de las del rosario de ellas que, si alguien no lo remedia, estaremos obligados a soportar hasta el logro de resultados que no admitan dudas sobre sobre una victoria clara de alguno de los partidos que concurrentes. Algo, que según van las cosas en el panorama político actual es una realidad harto difícil de conseguir. Al tiempo.
La contumacia de Sánchez no parece tener límites. Oye como quien oye llover las voces de los barones de su partido, que algo deberán saber sobre los entresijos de la política y trayectoria del PSOE a lo largo de la historia reciente, con sus luces y sombras, para tratar de encauzar los derroteros del partido que la petulancia del actual secretario general mucho es de temer que lleva si no al despeñadero, sí a sufrir serias derrotas en los distintos comicios generales y autonómicos, como se viene constatando en los últimos tiempos. Se escuda en las bases del partido que en su día le dieron manga ancha para hacer y deshacer y hace oídos sordos a experimentados jerarcas socialistas, muchos de los cuales ya han anunciado su salida del partido de proseguir su actitud inmutable y ajena a toda advertencia de cordura y sentido común. Sigue erre que erre empeñado ahora -¡otra vez!- en una alucinante tentativa de sumar fuerzas con partidos diametralmente opuestos al ideario socialista para subyugar a Rajoy y los suyos o resistir numantinamente como secretario general. Más que nunca se evidencia que solo piensa en sí mismo y su prevalencia en el partido, importándole un ardite que estemos todos peligrosamente asomados al precipicio. Aboga por una consulta a la militancia o un congreso exprés a celebrar el próximo día 1 de octubre, confiado en que se llevará al huerto a los principales oponentes a su rocambolesca pretensión.
Las elecciones de Galicia y País Vasco, a tenor de las encuestas, no parece que Sánchez obtenga precisamente un respaldo clamoroso; es por lo que adelanta, en un su ir y venir constante a donde dije digo, digo Diego, la peligrosa mano tendida de Podemos, buscando un pacto a la desesperada. Ya ven ustedes, un partido éste que es ahora un corral de gallitos encrespados que no van a ceder en sus pretensiones de acorralar al PSOE o arrancarles dádivas como la obtención de cargos alto rango ministerial, entre otras sinecuras, en el hipotético caso de formar Gobierno. Algo impensable, pero que Sánchez acaricia como el más feliz de los sueños, importándole un ardite lo que venga detrás. Obcecación total. Ya veremos a lo que nos lleva a quienes contemplamos atónitos su envite, tras una retahíla de derrotas electorales.