El Estado de Derecho ultrajado
JOSÉ BECERRA
Sentenció Winston Churchill, premier británico y premio Nobel de Literatura merced a su dominio de la descripción histórica y biográfica, a la vez que por su brillante oratoria y defensa a ultranza de los valores humanos, reseñó, digo, que “la democracia es el peor gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”. Albert Einstein, por su parte, dejó claro que su ideal político era el democrático: “Todo el mundo debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado”. Mentes preclaras que nos llevan a afirmar al resto de los mortales que todos somos iguales ante la ley y que nadie debe mancillar la democracia como sistema de organización política que en su día nos dimos los españoles. Por estas razones, resulta oprobioso que Puigdemont, ahora huido y dejando a sus principales seguidores en la estacada, venga a quebrantar el Estado de Derecho, alzándose en un arrebato infantil como depositario de una democracia de la que en España tratan de arrebatarle opresivamente. Puerilidad manifiesta, no exenta de cobardía, como se ha vuelto a ratificar enviando a sus consejeros a Madrid para responder a la Justicia de sus desafueros, y él eludiendo una responsabilidad que le incumbe como principal insurrecto, quedarse tan campechano en Bruselas o dondequiera que haya establecido su morada en espera de que pase la borrasca. Que no va a pasar para él, como se apunta en los medios judiciales españoles que están detrás de su pista, como no podía ser de otra manera ante tan fementido personaje, que además se escabulle dando buenas muestras de que nada quiere arriesgar para defender su ideario, por otra parte tan descabellado como irreal.