Metamorfosis de Pedro Sánchez y caída libre de Podemos
JOSÉ BECERRA
La ansiada, para algunos, independencia de Cataluña está sirviendo como crisol y prueba de fuego de políticos españoles según sus apetencias y exposición de pareceres sobre tan candente cuestión. Su seguimiento en el día a día trae en vilo a media España y a la otra le pone ya cara de resignación ante un problema del que se piensa, y con razón, que parece insoluble y que va a acarrar problemas sin cuento. Ante el cual quienes pululan con mayor prestancia por el encrespado solar de la política actual arguyen propuestas o escurren el bulto para no comprometerse con el parecer de sus más pertinaces seguidores. Pablo Iglesias publicó días atrás una carta de tintes rocambolescos en la que no se para en mientes en acusar al PP, la monarquía y a la derecha económica de los males habidos y por haber y en la que destacaba el conflicto catalán. Asimismo, argüía que era un despropósito que el PSOE pactase con el PP la aplicación del 155, lo que le colocaba más cerca de un fementido Puigdemont, algo que en vez de apaciguar los ánimos de sus seguidores más fieles no ha logrado sino exacerbarlos.
Aunque con medias tintas, Iglesias, por su parte, no puede ocultar su inclinación hacia los soberanistas catalanes, reflejada esta actitud cuando admite sin reservas el espurio referéndum del 1-O. A lo que hay que sumar, según ratifican encuestas recientes, un descenso de las intenciones de votos a su favor en unas hipotéticas elecciones, que les llevaría a situarse detrás de Ciudadanos. En cuanto a lo que se refiere a Pedro Sánchez, y en lenguaje andaluz campechano habría que decir, a tenor de los acontecimientos que, al parecer, lo han propiciado, “éste no es mi Pedro, que me lo han cambiado”. Del feroz antagonismo que mantenía contra Mariano Rajoy, del que espetaba cada dos por tres, aparte de llamarle “indecente” en un encuentro televisivo de alcance nacional. Aquellos del “No, es No” y “Qué parte del No, no ha entendido”, frases de los que alardeó y que fueron banderolas desplegadas tanto por él como por los militantes del PSOE, viniese o no a colación, se ha pasado, en un viraje espectacular, a ponerse del lado de Rajoy sin reservas, como aliado de la defensa a ultranza que éste lleva a cabo en lo que toca a restablecer la legalidad en Cataluña. Ha visto el líder socialista que se está ante un problema de Estado no exclusivo al PP y, cuerdamente, optó por arrimar el hombro para solucionarlo, más allá de las diferencias entre ambos partidos. Eso le honra y da pábulos a los que ven en él la actitud propia de alguien que aspira a ser un futuro presidente del Gobierno.