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José Becerra

La provincia a vuelapluma

El Puente Nuevo de Ronda en el punto de mira

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El Puente Nuevo de Ronda en el punto de mira

Vienen levántandose voces encrespadas contra los cortes que está sufriendo tan emblemático monumento rondeño por parte de quienes se quedan a uno de sus laterales sin posibiidad de llegar al núcleo de la población por la prohibición de circulacióm rodada a efectos de preservar las obras realizadas en su colosal estructura. La última manifestación en contra de la decision del tripartito de llevar a cabo actuaciones tanto en el Casco Histórico de la ciudad y en el Puente Nuevo reunió a varios miles de rondeños clamando por su derogación. Miembros ejecutivos de partidos politicos de la oposición en el Consistorio- APR, PP y Ciudadanos- participaron en la protesta sumándose el sentir ciudadano que de manera generalizada se opone a las providencias adoptadas por parte de la corporación municipal.

No entramos en la decisión de prohibirse el paso de vehículos por el Puente a tenor de lo dispuesto por mandatarios del Ayuntamiento: tendrán sus razones que responden, es de suponer, a la idea de preservar en lo posible tan singular monumento. Tampoco suscribimos en su integridad los motivos de quienes se oponen a que se les aisle del resto de la ciudad, pero si es justo reconocer que se impone un entendimiento entre ambas partes en litigio para que la decision final no suponga un quebranto ni para la integridad de tamaña obra arquitectónica ni para el regular transcurso del día a día de la ciudadanía.

Pero toca hablar del Tajo y su construcción ahora que está de plena actualidad. Hay que resaltar su profundidad (alrededor de 100 metros) como resultado de la acción erosiva del río Guadalevín, patente desde épocas pretéritas, posiblemente antediluvianas, sin olvidar la avifauna que nidifica en la angostura aprovechando las escabrosidades sinuosas, sobre todo (y son certezas de ornitólogos de prestigio), como cernícalos, halcones peregrinos, búhos reales y otras especies que se encuentran a gusto y seguros en las oquedades profusas que el singular espacio les ofrece.

 El Tajo, colosal hendidura que labró el río en la roca viva durante el transcurso de siglos, quizás de milenios, como digo,es el distintivo que con mayor propiedad refleja la imagen que de Ronda se tiene aquí y allende fronteras. Y sobre él, silueteando el zigzagueante cauce del río, que busca ansioso el caudal del Guadiaro,el Puente Nuevo, cabalgando con soltura y despreciando la levedad del espacio.

Tajo y Puente, postal fiel que refleja la cara de una ciudad que resulta ser una de las cuatro más reputadas en el panorama variopinto de las ciudades de Andalucía.

Han transcurrido más de dos siglos, años más años menos, desde que el Puente Nuevo de Ronda se abriera al público. Un colosal monumento fruto de la conjunción entre lo natural y la ingeniería del siglo XVIII, que ha sido  desde entonces la estampa  más reproducida en folletos y libros que centran sus páginas en la “Ciudad Soñada” de Rilke, en cualquiera de sus manifestaciones artísticas, culturales o históricas. Es el buque insignia de la ciudad, como asimismo dela Serraníaque de cerca la acompaña y la  corteja.

El  Puente Nuevo, de tan magníficas trazas,  además de dividir el caserío rondeño sirve de referente a las sierras que desde él se otean como  contrapeso a las moles de caliza  y espesa vegetación que las componen.  La piedra trabajada con esmero hasta dar forma a una grandiosa obra del hombre,  y como equivalencia,  las lajas, el roquedo, tal como se configuraron tras los  movimientos  telúricos y la erosión  de milenios en la noche oscura de los tiempos.  Profundidad casi insondable y elevaciones pétreas igualmente recónditas, amalgama que sirve a Ronda y su Serranía mítica como abanderados de su fisonomía en medio mundo.

No es casual que los grandes sillares, armónicamente dispuestos que se elevan y soportan el perfil del puente y su atrevida arquería sobre el impresionante vacío, que como todo lo abismal, sobrecoge y suspende el ánimo, haya sido escogido como la estampa que mejor define a la ciudad y una región. La obra del arquitecto turolense, afincado en Málaga, Martín de Aldehuela, brinda el mismo poder evocador que espolea las imaginaciones cuando desde otras fronteras o límites geográficos añoramos o revivimos encuentros con otros lugares. El Puente Nuevo nos retrotrae a Ronda, como igual lo hacen a sus ciudades en las que se erigen el Cañón del Colorado, el Machu Pichu de Cuzco,  el Coliseo de Roma, el Acueducto de Segovia o la Mezquita de Córdoba.

Y por añadidura, permítanme copiar una exclamación un tanto procaz que es proverbial entre quienes por primera vez se adoman al impresionante tajo natural: “ ¡Coño, que alto está esto”. Con perdón por mi parte.

 

 

 

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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