Andalucía, prueba de fuego
Por mucho que se esfuercen Susana Díaz y sus acólitos de mayor o menor rango en aparentar tranquilidad ante un electorado, cuya parte substancial se le antoja que le dará su confianza, la verdad es que el tablero político español se muestra insondable en lo que concierne con el resultado que se obtenga desde Despeñaperros para abajo el próximo 2 de diciembre. Si bien es cierto que la batalla se va a dirimir aquí, no lo es menos que el final de la contienda ha de tener repercusiones en el ámbito nacional y en la confrontaciones que se han suceder en los próximos meses. Los andaluces son conscientes de que apoyar a Díaz o darles las espaldas puede tener repercusiones en esos inminentes pugilatos a brazos partidos que se van a suceder de inmediato en el ancho solar hispano. El sondeo del CIS, que tanta polvareda ha levantado y que muchos no dudan en afirmar que les traen al pairo sus predicciones, choca con buena parte de los llamados a consulta ya que es público y notorio que aquí se suspira por un cambio de gobierno, pero, a la vez, y ésta es la intríngulis de la cuestión, se afirma que su voto irá, indefectiblemente, para Susana. Quizás se piense que entre lo más malo que pueda ocurrir se prefiera seguir con quien hasta ahora dirige el cotarro andaluz.
Se oye en los corrillos callejeros que lo que necesita Andalucía es un cambio de gobierno. Sin embargo, y aquí radica el quid de la cuestión, no es menos socorrida la expresión de quienes afirman que su voto irá a favor de quien hasta ahora lo preside. Una incongruencia que muestra a la claras el dubitativo sentir de quienes ahora se disponen a ejercer el sacrosanto deber de ir a depositar la papeleta en la urna que corresponda.
De entrada, y a tenor de las encuestas publicadas, no solo por parte de aquellos que intentan arrimar el fuego a su sardina, sino de quienes contemplan el panorama político andaluz con ecuanimidad, se pronostica que la actual presidenta volverá a sentarse en el pódium como vencedora. Otra cosa es que logre mantenerse en él asistida por una mayoría absoluta, que ese es otro cantar. Por lo pronto, es previsible que esta vez no cuente con el beneplácito de Ciudadanos. Al menos, eso es lo que han querido dejar claro las huestes de Rivera, escarmentado del pacto, del que se rompieron todas las amarras meses atrás. Pero en política nunca se sabe. Cosas más inverosímiles se han visto. Desde luego, con quienes no podrá contar es con Juanma Moreno, quien le tiene declarada la guerra son cuartel en todos los ámbitos. Sí podría optar con la asistencia de Adelante Andalucía, ese revoltillo de partidos de clara tendencia izquierdista, regido por Teresa Rodríguez, que si bien difiere en su ideario con Díaz, no sería descabellado que le tendiera la mano.
Todos los candidatos a regir los destinos de Andalucía de aquí a cuatro años coinciden en afirmar que aquí y ahora lo que se dirimen son cuestiones que atañen al territorio. Pero cabe preguntarse, a fuer de desconfiados, si en la batalla campal que ahora se inicia en nuestro suelo no se tienen en cuenta los asuntos que atañen al conjunto del país y no será eso que los británicos conocen como testing ground , y que por estos lares conocemos como “campo de prueba”, a saber, lo que dan de sí los acontecimientos vividos en el seno de los diferentes partidos y los cambios producidos en el mapa político auspiciados por los diferentes líderes de quienes dependen. En Andalucía, ahora, una prueba de fuego para la política nacional.