Vuelvo a retomar el verso y dejo de lado la prosa para exaltar a la localidad olivarera de Alameda, que duerme el sueño de los justos al pie de la sierra dela Camorra, y se esponja en la llanura que viene a morir en el valle del Genil. El río siluetea el extremo norte del término municipal, sirviendo de línea divisoria entre las provincias de Málaga y Córdoba.
Alameda trae siempre a la memoria de quien la evoca la figura del bandolero José María “ El Tempranillo”. Después de múltiples fechorías se acoge a la amnistía decretada por O´Donnell en 1854 y se convierte en guardián custodio de la diligencia de Sevilla. No por mucho tiempo. Uno de sus antiguos compinches de asaltos y correrías le abate traidoramente a tiros una fría mañana de invierno del mismo año.
Sus restos mortales recibieron cristiana sepultura en la iglesia parroquial dela Inmaculada, cuya construcción se debe al marqués de Estepa, a cuyo marquesado pertenecía en el siglo XVII la provincia sevillana. Hoy lugar de visita de los curiosos que pasan por la población, seguramente después de degustar un buen plato de una variedad de la porra antequerana con tropezones, amén de las migas y la popular sopaipa.
ALAMEDA
En el ancho solar antequerano
y al pie dela Camorraaltanera,
ALAMEDA, fecunda y olivarera,
se abre a un valle que es hermoso y galano.
Con campos de Córdoba y Sevilla a mano,
se baña enla Ratosalagunera,
(si corren las aguas por la ladera)
o busca el Genil copioso y anciano.
Iglesia de portada blasonada
y bella ornamentación dieciochesca,
atención y curiosidad suscita
que bajo la techumbre artesonada,
sin que su incierta nombradía envejezca,
yace un bandolero con tumba inscrita.