Foto:Europa Press.diario SUR
Benaoján: una feria para comérsela
JOSÉ BECERRA
Va a resultar obligado trasladarse los próximos días 8 y 9 de diciembre a este pueblo que no tiene parangón en lo que se refiere a la fabricación de embutidos de calidad provenientes de las carnes de ese simpático y rechoncho cuadrúpedo que es el cerdo. El pueblo serrano que se erige “entren peñas escondidos”, como reza en una cancioncilla que habla de su pintoresca situación geográfica, a escasa distancia de la Ronda histórica y señorial, se reviste con sus mejores galas para dar cabida a la Feria de la Chacina, que ahora llega a su décima sexta edición. Un evento éste que ha sido exaltado por la alcaldesa, Soraya García, en una alocución de rigor sobre la tradición chacinera del pueblo desde tiempo inmemorial, a la que se sumó el delegado del Gobierno andaluz, Francisco Fernández, quien, a través de una distendida charla, destacó la dedicación plena del pueblo a esta industria artesanal admirada por propios y extraños. “Algo a lo que habría que sumar los atractivos naturales de la población –paisaje, orografía y monumentos prehistóricos _ hoy admiración del mundo”.
Tan singular fiesta chacinera es el escaparate idóneo con el que puede contar el pueblo a la hora de mostrar las exquisiteces gastronómicas que aquí se fabrican desde siglos atrás. Merecen ser recordados la nómina de los pioneros de la industria chacinera que en su día asombró el mundo y no conoció fronteras. Curro Sánchez, Rafal Carrasco, Manolo Melgar, Manuel Carrasco – -éste antiguo cacique del pueblo y figura preeminente entre la vecindad- y Victoriano Aguilar, entre otros destacados chacineros del Benaoján de antaño convertido en un centro industrial preeminente pese a lo exiguo de sus habitantes. A estos precursores de la chacinería benaojana siguieron sus pasos firmas ya acrisoladas en el buen hacer y comerciar productos como pueden ser, entre otros, la de Matoso, Icarben o El Cerdito Andaluz, que surten de sus elaborados a media España, merced a la calidad de sus productos.
Deje atrás la ajetreada vida de las ciudades populosas y sus a veces insolubre atmósfera a la que nos exponemos se quiera o no, y venga a deleitarse con apetitosos platos a la vista de todos, para que la que se dan exquisistas mañas las operarias – descendientes de las antiguas “menuderas” de profunda tradición en la localidad – a la vista de todos, para estimular los sentidos: olor y sabor de delicados productos.
Chorizos fritos, orondas morcillas, lomo en manteca, embuchado y un largo etcétera de productos que ofrecen ese animal hozador del que se dice gustan hasta los andares, amén de otras delicateseen del mismo pueblo o de los adyacentes en un espléndido muestrario en la plaza de la Iglesia del Rosario que es lo que el visitante puede encontrar y degustar, acompañado de actuaciones artísticas, música y diversión a gogó.
Si existen muchas razones para dejarse caer por Benaoján, el singular pueblo blanco de la Serranía a un tiro de honda de Ronda por sus múltiples atractivos como son un paisaje único de montaña, un par de cuevas que sirvieron de morada a remotísimos antepasados prehistóricos – las del Gato y la Pileta, asombro perenne de propios y extraños-, los cuales nos dejaron sus modos de sentir el entorno y las ansias de aprehender el misterio de la vida mediante el arte animalista y a veces críptico que han perdurado hasta nuestros días, si todo este atractivo se suma ahora el de la Feria de la Chacina, no podría encontrar mejor momento para la visita.
Luego déjese ganar por el paisaje bucólico de su entorno: Sierra de Líbar, majestuosa, coronada en su parte más oriental con las enigmáticas Cruces Blancas; las Canchas, telón de fondo pétreo; el Tajo del Zuque, colosal; o el imponente trasfondo del Picacho del Rayo o Conio, nebuloso en la lejanía. Fueron mudos testigos todos del paso vacilante del Neandertal, o también del Homo Sapiens que por aquí anduvieron en el pasado nebuloso de los tiempos.
Haga acopio a renglón seguido de la mejor chacina para llevar a casa o para agasajar a sus amistades: seguro que le agradecerán tan suculento obsequio adquirido in situ en uno de las poblaciones que posee como timbre de gloria la excelencia de los productos que salen de sus fábricas.
Degustaciones de productos típicos, exposición de coches antiguos, catas de queso de la zona y un sinfín de actividades lúdicas teniendo como fondo un singular paisaje de montañas y riscos de alturas insondables, les esperan. No se lo pierdan.