>

Blogs

José Becerra

La provincia a vuelapluma

Carteros rurales

Cartero rural, una figura indeleble

Una estampa familiar en los pueblos de escasa densidad  de población fue siempre  la que conforma el cartero rural callejeando por sus calles, cartera en ristre hasta hacer llegar la misiva a mano de su destinatario. En los pueblos de la Serranía de Ronda, esos que se esponjan a los pies  de imponentes cumbres que desafían al cielo o los que buscaron en su día la proximidad de suaves collados, el cartero es un elemento más e insustituible del paisaje aldeano. El cartero, por lo que comporta su oficio de repartir misivas con infinitud de informaciones, ha suscitado siempre estimación y respeto entre la gente sencilla.

Al cartero   se le espera  cada día con impaciencia y anhelo; es la persona que, de una forma u otra, une a cada uno con el resto del mundo, entendido éste como esa parte minúscula pero  que nos atañe decisivamente en cuanto se cifra  en relaciones de trabajo, amistad, amor y comunicación, entre otras cuestiones, que solo al receptor de la información  compete. De ahí la deferencia que se le dispensa y la grata acogida que se le concede.

El cartero, pundonoroso y prudente, conoce todos los nombres y apellidos de los habitantes del pueblo, como no podía ser de otra manera. Entregaba la correspondencia en mano sin el menor comentario, quizás respondiendo con una sonrisa abierta cuando leía en el rostro del destinatario el júbilo que le provocaba la carta que depositaba en sus manos.

Participa silenciosamente  del gozo que a la madre del hijo emigrante en tierras extrañas le producía el sobre en el que  reconocía  la letra inconfundible del ser querido y lejano, o del alborozo de la joven que se estrenaba en amores y que le transmitía desde otras latitudes  noticias del amante que no podían ser más que halagüeñas para la receptora del escrito, la cual difícilmente podía ocultar su regocijo, aún sin abrir el sobre que ostensiblemente temblaba entre sus manos por la emoción. El cartero, sin mediar palabra, continuaba su callejear en silencio, en pos de otras manos en la que depositar comunicados y notificaciones de administraciones públicas, de comerciantes, de bancos,  en fin de quienes buscaban el contacto con la más variopinta población. Para sus adentros se regocijaba con las buenas noticias o se entristece si había sido portador de infaustas nuevas.

De los carteros de pueblos se exigen y alaban la honradez e integridad, conductas de las que hacen gala. Cualidades que adornan a un oficio que, por estas razones, no puede recaer en cualquiera, sino en personas de probada rectitud. Tengo que decir que miembros de mi familia ejercieron y siguen ejerciendo este oficio en Benaoján, el pueblo blanco y acogedor que se acomodó, desde siglos atrás en los márgenes del río Guadiaro. Son ejemplo vivo de la probidad que rigió su conducta, transmitida de padres a hijos. Vaya para ellos mi admiración y afecto más sincero.

Un sitio donde hablamos de cosas de Málaga y la provincia

Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


May 2019
MTWTFSS
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031