Porque “peros” háylos y es algo que hoy por hoy, tras el tráfago de los recuentos y la sonrisas veladas de unos y las confiadas de otros a la vista de los resultados que ya son una realidad y no meras conjeturas, se imponen merced a la consideración fría de lo acontecido. Justo es reconocer el triunfo en buena lid del PSOE; sin embargo algo puede haber trocado su júbilo inicial por un acontecer inesperado. De las sonrisas satisfechas iniciales en los momentos de los sondeos se pasó un cierto rictus de desencanto en quienes veían con gozo la más que posible reafirmación de sus siglas en el tablero político español. Lo que llevaba todo el camino de ser un paseo victorioso sobre un enemigo abatido solo en parte se verificó. La victoria de os socialistas se detuvo a las puertas de Madrid, capital de las Españas, cuyo Ayuntamiento volverá a ser regentado por alguien del Partido Popular. Una sonrisa placentera que se tornó en un rictus amargo victoria no había sido épica ni rotunda. Los populares mandarán desde ahora en el Ayuntamiento y la Comunidad. Un amargo trago, ¡qué se le va hacer! Con este resultado, Pablo Casado, que veía negro su futuro se da de lleno con una situación esplendente para continuar su porfía en el porvenir más inmediato. Por lo pronto Carmena y Palau han de volver a sus puntos de partida. Por otra parte sucumbieron Ciudadanos y Podemos: unos y otros perdieron gas y sus aspiraciones quedaron en un fiasco. Un revés notorio que tendrá que hacer meditar a sus dirigentes sobre el porvenir de sus partidos y el de ellos mismos. Ganó el PSOE pero las incertidumbres no se difuminaron del todo para su futuro más inmediato. Días apasionantes nos esperan.