El espeto malagueño reclama ratificación universal
JOSÉ BECERRA
¿Quién disfrutando de un día de asueto en las innumerable playas de la costa malagueña no se ha sentido atraído y caer en la tentación de degustar un plato de sardinas previamente sometidas a las brasas? El espeto malagueño es todo un arraigado símbolo malagueño de nuestras tradicionales culinarias que ha venido cautivando a quienes investigan todo aquello que resulta medular con una región o comarca de nuestra ancha y prolífica España en las que tantos usos y costumbres arraigaron desde la noche obscura de los tiempos.
La Comisión Cultural del Senado aprobó días atrás una propuesta que no podía ser más bien recibida de cuantos conceden capital importancia a las costumbres y tradiciones inveteradas en el suelo patrio mantenidas a capa y espada por quienes forman parte sustancial de ellas. Es el caso de los espeteros malagueños, que mantienen el oficio contra viento y marea (nunca mejor empleada la expresión ya que su razón de ser es allí donde las aguas tranquilas o revueltas del piélago vienen a morir desde la creación del mundo), y que la susodicha comisión senatorial pretende lanzar a los cuatro vientos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en espera de que la UNESCO acoja la propuesta como es de esperar por quienes la han promovido.
Bienvenida sea esta propuesta que no hace sino lanzar al mundo algo que puede catalogarse como cultura viva que es necesario preservar contra viento y marea, expresión esta que viene como anillo al dedo ya que se trata de proteger algo que se lleva a cabo precisamente en aquellos lugares en donde vienen a morir olas y mareas, o se la tierra firme más cercana.
Fue la UNESCO el organismo que en 2003 sentó las bases de lo que sería la Convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, luego reconocido como organismo erigido como baluarte de la exhibición y puesta en valor de cuantas tradiciones han venido pasando de padres a hijos en cualquier sociedad humana como legado transmitido a las generaciones que se sucedieron a través de los tiempo sin distinción de ámbitos. Los objetivos de la organización supranacional se muestran evidentes: mantener incólumes las manifestaciones y creaciones inveteradas que tienen sus fundamentos en la tradición salvaguardando las costumbres heredadas nuestros mayores y mantenerlas incólumes para las generaciones venideras.
Nuestras comunidades, esas que florecieron merced a la proximidad del mar, es necesario que reconozcan el valor de la expresión que exalta el valor de los espeteros. Nos importa a los malagueños en concreto salvaguardar y proteger estas mañas de la gente ribereña para garantizar su existencia en el futuro. El espeto malagueño merece ser ensalzado como una joya culinaria de nuestra tierra, que ahora en los veranos, como el que ahora ha comenzado, se nos ofrecerá por doquiera en nuestras costas para alegrarnos la vista y reconfortar nuestro estómago entre chapuzones y momentos placenteros al sol que más calienta.