Parece lógico pensar que la política que se cuece en las altas esferas incida en el sentir de quienes habitamos zonas rurales del interior, en este caso la de la provincia de Málaga. Los vaivenes políticos nos conciernen para bien o para mal como en el resto de las provincias españolas.
Sarkozy está lanzando a todo el que le quiere oír proclamas contra la situación económica de España. Bien es cierto que para atacar a su contrincante en las próximas elecciones legislativas en el país galo lo hace poniendo como ejemplo la desastrosa gestión de Zapatero y sus conmilitones.
Pero de rechazo pone en evidencia la situación actual española con un nuevo Gobierno conservador, recalcando la evidencia de un embarrancado crecimiento, fruto de una herencia nefasta.
Todo esto nos lleva a pensar que la rémora de las auntonomías y el endeudamiento es lo que no nos permite avanzar en la buena dirección económica. No basta con ajustes severos sino en arrojar lastre merced a la deuda que nos aherroja y nos ciega el camino de la productividad y con ella el de la creación de empleo.
Si buena parte de los ingresos vía impuestos nos vemos obligados a dedicarlos a la deuda o el pago de sus intereses, no debería extrañarnos el brutal recorte del que se hacen ecos los presupuestos Generales del Estado que acaban de ver la luz y merced al cual, para atenuar el déficit, se ven afectados las partidas destinadas a la Educación, la Investigación o la cultura, y lo que es peor a la Sanidad por mucho que la ministra del ramo, Ana Mato, abomine del espantajo del copago sanitario.
También lo ha dicho Luis de Guindos en el ´Frankfurter Allgemaine´, pero no ha descartado que las reformas conciernan a esta cuestión que está en el límite de la línea roja a cuyo otro lado se encuentra el Bienestar social. La colosal deuda nos atenaza, cercena el crecimiento y pone en peligro conquistas sociales de las que pensábamos no podían sufrir retroceso.