¿Eutanasia o cuidados paliativos?
JOSÉ BECERRA
La discusión esta servida y, por supuesto, el enfrentamiento de quienes las contraponen y quienes la rechazan de plano el procurar su propia extinción. En las filas del Gobierno socialista se alzan las voces de quienes pretenden su implantación, pero en su contra se levantan protestas de quienes la rechazan de plano. Quienes poseen preeminencia en el hemiciclo, aunque sea escuálida, se escudan en una afirmación de la eutanasia tan tajante como taimada. Se afirma con una impudicia que les envilece a ojos de media España que defienden “el derecho a una muerte digna”. Anteponen, con alevosía desmedida, la muerte asistida arguyendo que se busca facilitar el tránsito hacia la otra vida a quienes se debaten en una enfermedad incurable o se sumen en una recalcitrante depresión que les empuja a buscar el fin sus vidas por el medio más expeditivo.¿ No será que se busca, con una impiedad desmedida, procurar el viaje al otro mundo a quienes se aferran en resistir en éste a toda costa, pero que ocasionan gastos importantes para permanecer entre los vivos a todo trance?
Se afirma por parte de quienes sustentan la tropelía de facilitar la muerte ajena que en Europa es una práctica extendida. No es cierto; solo en los países que se escudan en el Benelux, a saber, Bélgica, Nederland o (Países Bajos) y Luxemburgo, mantienen esa trapisonda de facilitar la muerte legalmente, en los casos de pacientes incurables que se aferran a la vida o que se confiesan estar hartos dr transitar por este valle dr lágrimas.
Porque lo cierto es que, aún para quienes ven en el lontananza un cercano final, existen remedios paliativos que logran mitigar el dolor, el malestar y las consecuencias de una enfermedad incurable. Solo que esto produce gastos a las administraciones publicas que en el caso de facilitar el paso hacia el otro mundo se anularían por completo, o sea que se defienden a ultranza las arcas públicas en detrimento de la ciudadanía, que mira absorto el dilema creado.
Ante la disyuntiva de eutanasia o cuidados paliativos no somos pocos, se diría que los más sin discusión, quienes optan por la permanencia en este mundo hasta que seamos llamados al otro, sobre todo si, como se sabe, en éste existen remedios que procuran sino una existencia feliz sí llevadera sin sufrimientos extremos. Tampoco hay que echar en saco roto la advertencia que la eutanasia no es obligatoria. A nadie se le va a impeler a que busque salir de este mundo aprisa y corriendo. Más bien, y ante la tesitura de vivir como doliente y buscar la paz del descanso eterno, de lo que se trata es de ahorrar padecimientos, que de haberlos haylos, por mucho que se desgañiten en defensa a ultranza de enviarnos al otro mundo. De lo que se trata es de defender la dignidad personal, que en estados comatosos, no pocas veces, se enroca en la piel de quienes lo padecen y no vislumbran salida alguna a su situación.
Ante la disyuntiva de quienes propugnan, con evidentes muestras utilitaristas, el fin de la vida para personas incapaces de ser útiles a la sociedad, se alza las voces de quienes defienden a ultranza el derecho a la vida, y lo que corresponde es que la persona desahuciada por dictámenes médicos, disponga, como un derecho inquebrantable al que es lícito apelar, de los medios adecuados para subsitir. Es el Estado el que debe garantizar que ese paso indubitable de la vida a la muerte no sea mediante métodos clínicos que propicien la muerte, sino en su contra, garantizar mediante medios lenitivos la superación de sufrimientos que no hagan clamar por esa extinción propia.
Ante tan crucial disyuntiva, eutanasia o cuidados paliativos y rechazando de plano las exigencias de quienes propugnan el fin de la vida, por medios espurios del Estado, es licito reclamar remedios paliativos que la hagan, si no atractiva, sí soportable.