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José Becerra

La provincia a vuelapluma

Una  Málaga rural en estertores

Una  Málaga rural en estertores

JOSÉ BECERRA

No se exagera si se dice que muchos de los pueblos más  alejados de la capital malagueña se encuentran abocados si no a la desaparición, que los caseríos prevalecen aunque sus moradores los abandonen, sí a la paulatina desaparición de su gente, otrora si no dichosa,  sí sobrellevando durante siglos un penoso subsistir, acelerado en los últimos tiempos. Sobre estas poblaciones de menor enjundia  campea el estigma de una muerte anunciada que pesa como  una losa fatídica sobre los habitantes que aún se resisten al éxodo anunciado.

Resulta un hecho evidente, medido y contrastado por economistas que de ésto saben y mucho, que en la Serranía de Ronda y la Axarquía malagueña, se constata  cómo en buena parte de sus municipios, los más lejanos a la costa, que siempre  se muestran éstos boyantes merced al influjo beneficioso del turismo, han visto como, en contra, paulatinamente  han ido menguado su población. “Como en casa en ninguna parte” es un dicho que no tiene ya razón de ser en la Málaga rural: una sangría de gente castiga a pueblos que vienen presenciando la lenta pero inequívoca y continua decadencia que nada hacen para detenerla los partidos políticos más relevantes del país. Las huestes socialista y populares son conscientes de este mal endémico. Prometen ponerle freno, pero nada efectivo se hace al respecto. Han puesto pies  en polvorosa comercios, entidades bancarias y los consabidos cajeros, amén de las estaciones de tren que vienen avisando ya su cierre más temprano que tarde.

Contra esta desbandada generalizada  de los pueblos con ínfimos recursos económicos se alzan las voces de los alcaldes respectivos que ven la merma de habitantes de los pueblos que rigen. En lo que toca a los pueblos del interior malagueño, y en concreto a los que se sitúan dentro de marco de la Serranía de Ronda, se vienen pronunciando por esta deserción  de los municipios y contemplan con impotencia cómo la población disminuye a pasos agigantados. Datos al canto: en las dos últimas décadas los ediles han visto como la población decaía a ritmo imparable en los últimos años. Los regidores de pueblos que sufren esta hecatombe demográfica vienen intentando poner “pies en pared” para contenerla. Vano esfuerzo: dirigentes políticos superiores de todos los  pelajes vienen haciendo oídos sordos a las quejas que se elevan para que se les tienda las manos.

Ante esta situación de pueblos de interior malagueño, que no  es diferente a la de otros municipios peninsulares que se las ven y desean para que subsistan sus moradores, habría que traer a colación el Informe sobre la pobreza rural que acaba de publicar el Fondo internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA, para los amigos)  que ha venido a poner los puntos sobres íes en este candente  problema rural. Se insta a los gobiernos, sean del pelaje político que sean, tender la mano a los pueblos que sufren abandono por parte de los poderes públicos a que no echen en saco roto el problema y que impelan el revulsivo preciso para que las inversiones estatales lleguen a los ámbitos mas quebrantados, de manera y forma que permita a sus moradores una vida, si no acomodada, sí decorosa.

De lo que se  trata es de frenar un éxodo desesperado  hacia zonas más prósperas del país, lo que supondría el abandono de las tierras de pan llevar con la rémora de no poner trabas  a la desertización del interior. Importa y mucho frenar la sangría  que más pronto que tarde convertiría  a buena parte de los pueblos de la Serranía y sus alrededores en  poco menos que desérticos.

Un sitio donde hablamos de cosas de Málaga y la provincia

Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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