Austeridad …
La izquierda jubilosa. El socialista Hollande en el poder; se veía venir. El dúo Merkozyl resquebrajado, el eje franco-alemán bajo nuevos auspicios.
Sin embargo, uno en su modestia de aficionado a seguir las vicisitudes de la alta política de los últimos tiempos, no las tiene todas consigo. Se imponía ahondar en un camino nuevo; a saber, el del crecimiento, soslayándose un poco el de la austeridad. Ya corrían estos vientos antes de las elecciones presidenciales francesas.
Apuntan algunos políticos que en otro país, ya se utilizó la maquinita de hacer dinero “para no perder competitividad “ y frenar al paro. No creemos que esta medida por sí sola sea efectiva.
Si se imprimen billetes sin ton ni son lo que se acarrea es una inflación pavorosa, con lo que el remedio sería peor que la enfermedad. Lo que los políticos, los nuestros y los allende fronteras, deberían hacer es compaginar ambos criterios. Uno de la mano del otro. Rigor para frenar los dispendios y sano juicio para incentivar el crecimiento.
…y desconcierto
Rajoy acaba de afirmar que pulverizó su programa para frenar el déficit. Esto de que los programas salten por los aires tiene sumido a la ciudadanía en un mar de perplejidad.
También que se tomen medidas que el ciudadano de a pie no acaba de entender. Por ejemplo, la concesión de entre 7 y 10.000 millones de euros de dinero público a Bankia para reflotar sus pérdidas por su inmersión en el negocio del ladrillo.
Y no se entiende, porque se ponen en un platillo las decisiones sobre recortes en sanidad y educación y la angustiosa situación de millones de parados – centenares en Ronda y la Serranía – mientras esa colosal ayuda a una entidad financiera quebrada y el fiel se inclina hacia donde no debiera. Se me dirá que se trata de un préstamo a devolver por el banco en cuestión con un rédito del 8%. Pero, ¿de verdad está garantizada la devolución de tamaña cuantía? Ya veremos.