No se trata de un tema del que resulte, ni mucho menos, grato hablar. Sin embargo, es algo que se está contactando en la ciudad y en la provincia y no puede uno dejar de pensar en la relación que puede haber con las dificultades económicas y la tragedia social que vivimos, cuyos resultados también vemos en los desahucios que cada vez son más frecuentes-
Pienso que sucesos que con gran virulencia socavaron mi sentir en los años de niñez sin que mediera ninguna relación con sus protagonistas, fueron por un lado contemplar un desahucio por la fuerza y de otro oír los pormenores de suicidios perpetrados.
Creo que no olvidaré cómo gente enviada por la justicia sacaba a empellones de su hogar a una familia –niños aterrados incluidos – y de mala manera los enseres, que se amontonaban en la calle. Más me impactaron escuchar el relato de los suicidios. Ahorcamiento y las vías del tren eran los modos recurrentes en la Serranía.
En los últimos años sabemos que en Málaga una persona cada dos días elige quitarse la vida de manera violenta. En 2011, nada menos que 172 malagueños optaron por esta drástica decisión. Detrás, una amalgama de motivos, acelerados quizás por el devenir económico: desahucios, enfermedad, depresión, soledad, desarraigo, carencia de empleo, drogas… Un aldabonazo a la conciencia social que no puede permanecer sorda