Con el susto metido en el cuerpo por mor de la malhadada Covid es un hecho evidente que nos movemos menos de lo debido. Hemos dado de lado a prácticas y costumbres inveteradas como las de dar paseos y, por ende, hemos optado, presos del temor de contraer el virus en la calle, por salir cuanto menos mejor. Permanecemos en el seno del hogar y sentados más tiempo de lo que se debiera, habida cuenta de que ese mínimo espacio que concedemos a caminar, y al que obcecadamente hemos renunciado, conforma un serio perjuicio para la salud. Se nos dice desde fuentes médicas autorizadas que nuestro organismo está concebido de manera genética para no permanecer en reposo sino en los momentos de la comida o en las horas que concedemos al necesario y reparador sueño.
No podemos resignarnos a permanecer de brazos cruzados o arrellanados en la tumbona preferida y ver sin descanso la tele. El ejercicio diario es fundamental para mantener el cuerpo en forma y salir del marasmo de la quietud que atrofia los músculos en lo corporal, y en lo psíquico nos enturbia la mente. Nuestra estructura corpórea no está concebida para permanecer quieta mucho tiempo; antes bien, nos exige movernos si no queremos que se atrofie.
A veces nos preguntamos a raíz de estos tiempos tenebrosos que atravesamos por mor de la pandemia cual es el mejor ejercicio que podemos llevar a cabo y que sea el más indicado no solo para el cuerpo sino para la mente. Y la contestación que obtenemos en nuestro interior, merced a las inquietudes que nos atosigan sin cesar, nos hace llegar a la conclusión de que no puede ser otra que el de caminar. Sin carreras precipitadas, paso a paso perro de una manera continua y al aire libre, algo que está al alcance de todos independientemente de la edad, porque sea ésta cual fuere es un ejercicio al que muchos, por no decir todos, podemos optar.
Quienes de los altibajos de nuestro corazón saben, a saber, cardiólogos de nombradía, aconsejan la manera de mantener este músculo vital en forma, entre otras razones de peso porque es el órgano principal de nuestro aparato circulatorio, y por ende, el que nos mantiene vivo. Se nos dice que esta víscera funciona como una potente bomba que aspira e impele haciendo posible que la sangre nos llegue a todas y cada una de las partes de la contextura humana, lo que no es baladí para mantenernos en forma. ¿Y cómo lo logramos? Quienes de esto entienden y mucho aconsejan caminar al menos una media hora, suficiente, al parecer, para mantenerlo de manera óptima. Algo que ha de repercutir en nuestra salud, tanto la que incumbe a nuestras entendederas y la integridad psíquica. Resultado: control de la tensión emocional y paliativo para el estrés, males que nos asolan en estos tiempos de pandemia y temores ante el virus maligno que nos asola.
Cuerpo y mente se benefician al unísono en el mismo momento en el que salimos del hogar para caminar. Si habitamos en ciudades y queremos aislarnos de las asechanzas del virus que a nadie perdona, siempre podemos hacerlo en parques o jardines que nunca faltan en ciudades populosas; si vivimos en pueblos apartados, miel sobre hojuelas: caminos entre arboledas y vegetación pueden ser una bendición para el corazón y el cuerpo que sin duda nos lo agradecerán. En el caso contrario, a saber, la errónea idea de hacernos permanecer en el hogar mano sobre mano, sumidos en un sedentarismo a ultranza, tarde o temprano nos pasará factura y a un precio tan elevado como el de abandonar este mundo más pronto que tarde.