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José Becerra

La provincia a vuelapluma

La Cueva del Gato: una relajación total

Han transcurrido meses desde que el puente que salvaba la distancia entre las hondonadas del terreno próximo a la montaraz Dehesilla benaojana saltó por los aires. A impulsos de las aguas desatadas del rio Guadiaro en pasados inviernos el puente que facilitaba su entrada desde los alrededores ya es historia. Pero desde el Ayuntamiento, y en concreto a impulsos de la alcaldesa, Soraya García, un nuevo puente en fechas cercanas va a permitir que las aguas del Guadiaro a causa de temporales, permanezca incólume como paso obligado para disfrutar de ese remanso de paz y frescura que es la Cueva del Gato. Un idílico y fresco lugar que venía siendo el recurso ideal para escapar de los meses de calor cuando tórridos veranos campean por estas latitudes del sur peninsular.

Inmersos en las bullas de la ciudad y las playas, abarrotadas a vece suspiramos por un lugar placentero menos agobiantes para olvidarnos del ajetreo de cada día. Se puede disfrutar sin trabas de los placeres baratos que nos brinda la Naturaleza en muchos rincones de la provincia malagueña. En este caso, al socaire de las estribaciones de, pongo por caso, la escabrosa Serranía de Ronda. Paisajes bucólicos desde los que se otean pintorescos e idílicos rincones que son remansos de paz y sosiego en los ardorosos días veraniegos.

Playa, sol, sarao, discoteca…Ritmo trepidante que puede llegar a ser cansino si no agobiante por lo repetitivo. ¿Qué si se hace una escapadita al interior? ¿Es que no lo pide el cuerpo? Solo se trata de una muy corta incursión tierras adentro que no ocupará más de una hora tanto para ir como para volver. Si se encuentra en Málaga capital solo tendrá que enfilar la carretera de Campillos y Ardales, si en el corazón de la Costa del Sol, la de San Pedro de Alcántara hasta Ronda y luego, sin más, hasta la cueva del Gato, en Benaoján.

La cueva compartida en parte en su recorrido por Montejaque en donde se abre por el Hundidero , configurando entrambos uno de    estos lugares en donde el tiempo parece haberse detenido conservando la apariencia que tuvieron en la noche obscura de los tiempos.

No pocas veces se ve uno tentado de apartarse del “mundanal ruido” que dijo el poeta y dejar atrás preocupaciones y pequeñas y grandes turbulencias del vivir diario para sumergirse de lleno en lugares todavía sin sufrir el zarpazo de las edificaciones y milagrosamente indemnes a la huella destructora del hombre. Respirar a pleno pulmón en paisajes sin mancillar por el ladrillo e incólumes en su bravía naturaleza.

El Gato, de colosal apariencia, ofrece dos posibilidades de disfrute: Adentrarse en su interior, lo que sería una aventura tan apasionante como cautivadora – sus laberínticas galerías rozan lo sobrenatural, pero se requiere tiempo y se exige, además de excelente preparación física, la ayuda de un experimentado guía, o quedarse en la entrada y contemplar la maravilla natural del Gato de piedra de eternas fauces amenazantes. Para una fugaz escapada es aconsejable que nos quedemos en la entrada de la espectacular gruta. Un lugar ameno para disfrutar de la Naturaleza en un entorno incomparable.

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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